La
Psicología del Hombre Libre
basada en
el pensamiento de Friedrich A. Hayek
Sobre la capacidad neuropsicológica del hombre para el desarrollo de un esquema normativo que
oriente su actuación deliberada en el contexto
de la vida civilizada.
Juan José Ramírez*
Introducción: la tesis psicológica hayekiana
como punto medular de su teoría social
Para llegar a la filosofía de la libertad existen muchas
avenidas. Algunos pensadores, por sus
inquietudes epistemológicas, fueron fascinados por la teoría del conocimiento disperso en sociedad. Otros,
debido a inquietudes sociológicas fueron indagando cada vez más sobre la
tesis de los órdenes sociales espontáneos.
Para la mente del economista,
resulta interesante el método
compositivo del pensamiento austríaco.
Sin embargo, son
pocos los que ingresan a la teoría austríaca por la augusta vía de la obra
psicológica de Friedrich A. Hayek,
contenida en su manera más completa en su poco conocida obra, pero no
por ello menos importante, El Orden
Sensorial.
Es interesante que todos los escritos sobre derecho,
economía, filosofía social y epistemología que escribiera el pensador
austríaco contienen constantes
referencias a su tesis psicológica.
Es por ello, que esta arista psicológica es verdaderamente
un nuevo bastión que respalda las
contundentes conclusiones de la teoría social del liberalismo. Recordemos algunas de ellas:
En política,
Hayek nos habla de la
imposibilidad de la mente individual para planificar el orden social, debemos referirnos al argumento psicológico por medio del cual
la mente individual no puede analizarse a sí misma pues equivaldría a pensar que puede
desdoblarse sobre ella misma y explicar el orden normativo que le dio
origen. En palabras del mismo Hayek:
“El estudio de los fenómenos relativamente sencillos
correspondientes al mundo físico, (...), ha creado la ilusión de que pronto llegará a suceder lo mismo en el ámbito de fenómenos más complejos. Ahora bien,
ninguna ciencia o técnica permitirán modificar jamás el hecho de que ninguna mente individual ni, por lo
tanto, ninguna actividad deliberadamente
dirigida será capaz de tomar en consideración la multitud de hechos
particulares que, si bien son conocidos por algunos miembros de la
colectividad, en su totalidad nunca se encuentran al alcance de nadie en
particular”[1]
En derecho, Hayek
habla de la noción de justicia como un ideal al que el orden social aspira.
Expresa que, en el fondo, la justicia esta basada en un sentido acerca de lo
que es correcto y lo que no lo es; ese
sentido de justicia tiene una íntima
relación con el desarrollo de un esquema
social normativo (o “modelo”, como lo llama nuestro autor) por parte de los
individuos que componen la sociedad. Una vez más, la arista psicológica sale a la luz, en
palabras de nuestro autor:
“El proceso que nos ocupa, no debe confundirse con los procesos espontáneos que las comunidades libres han aprendido a
considerar como fuente original con mejor capacidad de arbitrio que la
sabiduría individual. Si por proceso
social significamos la gradual evolución capaz de producir mejores soluciones
que las deliberadamente ideadas, (...)”[2]
Con relación a este esquema normativo, Hayek añade su arista
psicológica en El Orden Sensorial:
“La configuración de impulsos que se rastrea en cualquier
momento dentro de la red dada de canales (nerviosos) semipermanentes
puede verse como una clase de modelo del entorno particular en el que el
organismo se encuentra en el momento y que le permitirá hacerse cargo de ese
entorno en todos sus movimientos”[3]
Vemos como ese esquema normativo tiene influencia en la
configuración de un determinado orden a nivel psicológico que le permitirá al
individuo orientar su comportamiento al mundo societario.
En economía, se
discute acerca de cómo los procesos de mercado
se autorregulan por medio de normas producto de la evolución que
permiten el aparecimiento de instituciones como el dinero, la propiedad privada
y los contratos. Sin una mente que
desarrollara un modelo del mundo económico y social gracias al cual se
clasificaran, acorde a ciertas normas (el derecho de propiedad, el dinero como
medio de intercambio generalizado y el cumplimiento de la palabra empeñada),
las miríadas de estímulos del cambiante
mercado, el comportamiento económico de
los sujetos no hubiera superado el nivel del trueque directo.
Una vez más, se citará las palabras de nuestro autor en
respaldo a esta idea:
“La razón de asegurar a cada individuo una esfera conocida
dentro de la cual pueda decidir sus acciones es facilitarle la más completa
utilización de su conocimiento, especialmente del conocimiento concreto y a
menudo único de las circunstancias particulares de tiempo y lugar”[4]
En filosofía social se define libertad como la ausencia de
coacción por parte de terceros, implica que el sujeto utiliza un esquema
normativo (aún y cuando no esté consciente de ello) que le informa que toda
conducta es posible, siempre y cuando no violente los derechos de los
demás. Es por ello que sin normas, no
existe sociedad, y por tanto, tampoco
libertad.
Hayek, al respecto es contundente:
“La sociedad sólo puede subsistir si por algún proceso de
selección surgen normas capaces de
inducir a los individuos a comportarse según esquemas compatibles con la
convivencia social”[5]
Y sin dejar de lado el aspecto epistemológico, el proceso de conocimiento de ese mundo
normativo es un proceso de falsación constante de nuestros modelos
cognoscitivos acerca del mundo social.
Es interesante cómo el proceso de aprendizaje descripto en la Teoría de
la Determinación de las Cualidades Sensoriales (el nombre técnico de la teoría
desarrollada en El Orden Sensorial) sirve de fundamento a esta aproximación
epistemológica.
Una vez más, se hará referencia a los problemas psicológicos
que se abordan en El Orden Sensorial:
“Pero los supuestos o hipótesis, que hay que introducir para
explicar los procesos sociales, tienen
que ver con la relación del pensamiento de un individuo con el mundo
exterior, a la cuestión de hasta qué
punto y cómo corresponde su conocimiento con los hechos externos. Y las
hipótesis deben plantearse, necesariamente, en términos de afirmaciones acerca
de las conexiones causales, acerca de cómo la experiencia crea conocimiento”[6]
Este breve itinerario introductorio por las distintas
implicaciones sociales y filosóficas de la teoría psicológica hayekiana es de
utilidad para enmarcarla como medular en su teoría social. Es por ello que en este ensayo se presenta la
teoría psicológica de Hayek como una columna sólida que consolida las principales tesis de la filosofía de la
libertad.
Siendo esta teoría una de las más complejas y densas del
autor austríaco, es necesario hacer una presentación pausada y gradual de su
origen, desarrollo y derivaciones clave para la teoría del liberalismo.
Comenzaremos explicando las bases históricas de teoría psicológica sobre las
cuales se origina.
I. La historia antigua de la psicología sensorial alemana:
los antecedentes y contexto de la discusión hayekiana
“La psicología tiene un largo pasado pero una corta
historia”, esta es la frase con el historiador de la psicología, Edwin Boring,
abre su obra magna de Historia de la Psicología Experimental (1999), aunque la
frase fue originalmente enunciada por Herman Ebbinghaus (1850-1909), uno de los primeros psicólogos en estudiar
los procesos de la memoria.
La mente, ha sido un tema de discusión desde el tiempo de
los griegos, la famosa caracterización
de Platón del alma en dos dimensiones: la racional y la pasional, da cuenta de
ello.
Durante siglos, la
disciplina psicológica fue considerada como
una especialidad de la filosofía.
Es por ello que las grandes nociones acerca de la mente se las debemos a
filósofos como John Locke y el
asociacionismo británico, Gottfried
Leibniz y la noción de petit perceptions,
René Descartes y su dualismo mente-cuerpo, Emmanuel Kant y la noción de las estructuras
innatas de la mente, por mencionar unas pocas eminencias.
Pero no fue sino hasta la segunda mitad del siglo XIX, en la cual la psicología surgió como una
disciplina diferente de la filosofía de la mente, con sus propios métodos de estudio y ante
todo con un objeto de estudio definido.
El nacimiento de esta disciplina fue doloroso y
problemático, inclusive dos disciplinas tan diferentes como la fisiología y la
filosofía se disputaron la paternidad de
la nueva ciencia. Pero se debe reconocer que si bien la filosofía nutrió
durante siglos a la psicología, fueron
precisamente los trabajos de los fisiólogos sensoriales de aquella época los
que separaron definitivamente a aquélla de los dominios especulativos.
¿En qué estaban interesados aquellos fisiólogos que dieron
origen a un nuevo paradigma científico?, y lo que es más interesante, ¿por qué Hayek toma de referencia las
principales líneas de discusión de estos fisiólogos sensoriales para comenzar
sus investigaciones acerca de la mente?.
En la presente sección se tratará de dar respuesta a estas dos
interrogantes.
Los
intereses de investigación
de los
psicólogos sensoriales alemanes
y las ideas
germinales que aportaron
para la
teoría hayekiana
Para responder a la primera pregunta debemos retomar las
líneas predominantes de investigación psicológica de aquel entonces. La selección de estos autores fue hecha con
el propósito de poder explicar los intereses de investigación de esta época de
oro de la fisiología sensorial. Se verán
los trabajos de los psicólogos experimentales alemanes de la segunda mitad del
siglo XIX, concretamente: Gustav Theodor
Fechner, Hermann von Helmholtz, Wilhelm Wundt, Johannes Müller, Ewald Hering
y Ernst Mach.
En primer lugar, Gustav Theodor Fechner (1801-1887), el psicofísico, abordó el
problema de las sensaciones y de los cambios en intensidad percibida de
las mismas por parte de las personas.
Dentro de sus grandes anhelos estaba anunciar el descubrimiento de una nueva disciplina, la psicología, específicamente la psicofísica, la cual era una disciplina que debía regirse con el rigor metodológico de las ciencias experimentales y naturales. Es por ello que fue prioritaria en él la inclusión de leyes matemáticas para explicar los fenómenos de la sensación y de la percepción. De ello da testimonio su famosa fórmula de la percepción de cambios de intensidad de los estímulos: g = K log b/b.
.
Esta ley establece que a incrementos
relativos iguales de estímulo son proporcionales a incrementos de sensación
iguales.
Con esta
breve explicación de los trabajos de Gustav Fechner, es notoria la brillante idea según la cual a la mente se ingresa por medio de los
sentidos. Esta será una idea que
Hayek hace suya en el desarrollo de su obra psicológica, pero que la amplía y
profundiza aún más.
El
fisiólogo sensorial empirista, Herman von Helmholtz (1821-1894), realizó uno de
los primeros trabajos con relación a los
mecanismos subyacentes de la percepción visual.
Su teoría explica como los
receptores nerviosos del ojo son
básicamente tres, los cuales reciben
longitudes de onda diferentes. Es por
esta excitabilidad diferencial, que se
hace posible la percepción de los diferentes matices y atributos de los
colores. Es por ello que Helmholtz
explica que esta teoría es solamente la
aplicación específica al campo de la percepción visual de la teoría de la
energía específica de los nervios, de Johannes
Müller.
Cuando Helmholtz aborda la teoría de
la resonancia del oído llega a la conclusión, también, de que la sensación
diferencial de los tonos se debe a la
recepción diferenciada de las vibraciones auditivas por parte de distintas
fibras nerviosas.
Estas aplicaciones de la teoría
específica de los nervios, ilustra la idea predominante de la época acerca de
que las sensaciones percibidas son el
resultado directo de la naturaleza de los nervios especializados de cada
sentido. Pero sobre este punto
ahondaremos cuando expliquemos los trabajos de Johannes Müller.
Importante es entender que, para Helmholtz, las percepciones
se ven matizadas por los efectos de la experiencia. Es decir, las respuestas evocadas en
estimulaciones anteriores modifican la captación e interpretación de los nuevos
estímulos procesados por los centros nerviosos en el cerebro, sin saber cuánto de esta influencia se debe a
la experiencia pasada y cuanto a la
percepción presente. Esta noción empirista de la mente será retomada por Hayek en el sentido de que toda nueva percepción es una actualización
de nuestras memorias. Entonces,
para Hayek, el acento no está en las acciones que provocan la
sensación, sino en los diferentes
arreglos nerviosos que las reciben.
No es posible hacer una recensión completa de esta época sin
abordar las ideas de Wilhelm Wundt (1832-1920), el fundador de la
psicología.
Para Wundt, la mente no es más que
la suma de todas nuestras experiencias internas, ideaciones y voliciones. La
vida mental es, en todas sus fases, un proceso, una existencia activa y no
pasiva, desarrollo y no
estancamiento.
Además, la experiencia siempre es
inmediata, por lo que se descarta
cualquier sustrato más allá de esta experiencia, ya que ello implicaría un materialismo inconsciente
Concluyendo, la comprensión de las leyes fundamentales del
desarrollo activo de la mente constituye la meta final de la psicología para
Wundt.
La primera
implicación en la teoría hayekiana del enfoque wundtiano es su visión de la mente como un proceso, lo cual nuestro autor retoma en su discusión
acerca de los alcances de la psicología
cuando aclara que sí podemos llegar a saber cómo opera la mente, pero nunca podremos responder qué es la
mente, en el sentido de conocer la
totalidad de su constitución psíquica,
pues caeríamos en la contradicción de Cantor, la cual detallaremos en
breve.
La segunda implicación es el rechazo wundtiano a todo materialismo
inconsciente, es decir, la
substancialización de la mente. En la
teoría psicológica ha sido un error epistemológico ver a la mente como una
“substancia” que pareciera tener
vitalidad propia y cuya influencia en el
comportamiento y en las manifestaciones mentales (pensamientos, voliciones,
sensaciones) es inevitable y fatal en la existencia humana, algunos ejemplos de ello son las antiguas
psicologías biológicas instintivistas y el psicoanálisis. Si bien Wundt, no llegó a utilizar estas palabras, su teoría casa perfectamente con el principio de irreductibilidad de la
mente que Hayek elabora extensamente en su teoría, especialmente cuando
realizar su crítica fundamental a toda clase de determinismo psíquico.
A propósito de la irreductibilidad de la mente, no hemos de olvidar que la posibilidad de la
descomposición de la mente en sus supuestos
elementos constitutivos ha tenido defensores desde la época fundacional de la psicología. Para Ernst Mach (1838-1916), el psicólogo de
las sensaciones elementales, todas las manifestaciones de la vida
psíquica, son susceptibles de ser
descompuestas y analizadas hasta las últimas unidades que para él se denominan
sensaciones, pero es mejor el término de elementos. De época más reciente, las teorías del
condicionamiento clásico y operante, que aunque desconocían a la “mente” como
objeto digno de estudio, trasladaron la
tradición analítica y elementalista al comportamiento manifiesto, de manera tal
que el repertorio conductual del sujeto, pensamientos incluidos, pueden ser descompuestos y analizados según
la historia de reforzamientos y castigos que sostienen dicho repertorio. Sumamente interesante es señalar que ésta
tradición elementalista de la mente y del comportamiento generalmente ha ido
acompañada de la ficción de control y predicción en el campo de la acción
humana.
Descomposición elemental y determinismo psíquico serán materias de
amplia discusión por parte del filósofo de la libertad, Friedrich Hayek.
Hubo
fisiólogos sensoriales que colocaron el
acento en las estructuras neurológicas y anatómicas para explicar el fenómeno
de la percepción.
El primer
autor en esta línea de pensamiento fue el fisiólogo sensorial nativista Ewald
Hering (1834-1918), quien postuló la existencia de “substancias” en el ojo como
causa del carácter distintivo y
definitivo de las sensaciones visuales.
Entonces, lo que viene a la
conciencia como sensación visual es la
expresión física o el correlativo consciente del cambio químico de la
substancia visual.
El segundo
autor fue Johannes Müller
(1801-1858), y su teoría de la energía
específica de los nervios, en la cual postuló
que las sensaciones se deben principalmente a las características de las fibras
nerviosas que le reciben. Por tanto, las sensaciones son puras, desde su recepción hasta su
representación en el campo perceptual, gracias a la fibra nerviosa específica
que le imprime su carácter definitivo a dicha sensación.
Estas teorías dejaron su sello en la
teoría psicológica, al desconocer el hecho de la complejidad del sistema
nervioso en la recepción de estímulos,
ya que el estímulo cuenta con una única vía que le imprime su carácter definitivo y último.
Sin
embargo, es probable que en aquella
época se tuviera poca noción de la complejidad de las interacciones neuronales,
especialmente de las interacciones que se producen en la corteza cerebral. Pues resulta que la recepción de estímulos no
cuenta con canales diferenciados funcionalmente (sean substancias visuales o
fibras nerviosas específicas), sino que es toda una constelación de enlaces
neuronales, por tanto de fibras nerviosas,
la que evoca (no imprime) el
carácter definitivo de los estímulos registrados por los diferentes órganos
sensoriales.
Inclusive,
algunas sensaciones no tienen ningún tipo de conexión con excitaciones directas
de las fibras nerviosas por parte de estímulos externos, y estas son las
percepciones de mayor importancia para la teoría social pues incluye el mundo simbólico y normativo.
Sucede entonces que, conforme más nos alejamos del mundo de las sensaciones
visuales o táctiles, ingresamos al mundo de las abstracciones normativas. Es
evidente, por tanto, que se requirió una teoría neurológica distinta para dar
cuenta de este mundo abstracto y simbólico.
Concluyendo,
no es el nervio o la substancia visual, es la configuración neuronal que representa a
toda percepción lo determinante, y es esta crítica al sensacionismo
psicológico lo que nuestro autor toma como punto de partida para introducir la
noción sistémica de la mente. En las
siguientes páginas hablaremos un poco más del enfoque sistémico, piedra fundamental para el desarrollo de la Teoría de la
Determinación de las Cualidades Sensoriales.
Después de
responder a la primera pregunta que dio inicio a esta sección, pues ya detallamos en líneas generales cuáles
eran los intereses de estos prominentes psicólogos sensoriales de la segunda mitad del siglo XIX, nos corresponde responder a la segunda
pregunta que se planteó en el origen de esta sección.
¿Por qué
Hayek se basó
en los
trabajos de estos fisiólogos
para
comenzar sus investigaciones
acerca de
la mente?
La
respuesta es que fue en este contexto de investigación, que Friedrich Hayek
tomó su punto de partida para indagar sobre el objeto de estudio de la
psicología. La relevancia de esta época
dorada de eminencias y expertos, para la
teoría hayekiana, es que plantea las ideas que sirven de pórtico para la Teoría
de la Determinación de las Cualidades Sensoriales.
Las ideas
clave fueron:
A la mente
se ingresa por medio de los sentidos: con esta idea se comenzó a diferenciar la
sensación por un lado, y la organización perceptual por el otro. Es decir, la
mente es un constructo hipotético que pretende explicar cómo y por qué los
estímulos sufren determinado ordenamiento.
En palabras del mismo Hayek:
“Esta
reformulación del problema central de la psicología se ha hecho necesaria por
el hecho de que las ciencias físicas, incluso en su ideal desarrollo
perfecto, nos ofrecen una explicación
sólo parcial del mundo tal y como lo conocemos a través de nuestros sentidos y
deben dejar siempre un residuo sin explicación.
Incluso después de haber aprendido a distinguir los acontecimientos del
mundo externo sobre la base de los distintos efectos que producen unos sobre
otros, y sin considerar que se nos
presentan como semejantes o diferentes,
queda aún por explicar qué es lo que hace que se nos presenten como
semejantes o diferentes. (...) Queremos conocer el tipo de proceso por el cual
una situación física se transforma en un cierto cuadro fenoménico.”[7]
Las sensaciones percibidas son el
resultado directo de la naturaleza de los nervios especializados de cada
sentido: esta idea es duramente criticada por la teoría hayekiana, quien postulará una organización sistémica de
la mente, y por tanto, de nuestras percepciones.
“En realidad, las pruebas que
poseemos sugieren que los impulsos conducidos por fibras diferentes, al menos
en el ámbito de cada modalidad sensorial, son cualitativamente idénticos,
(...). Parece, por tanto, que la causa de los efectos específicos de los
impulsos en fibras diferentes debe buscarse, no en los atributos de los
impulsos individuales, sino en la posición de la fibra en la organización
central del sistema nervioso”[8]
Toda nueva percepción es una actualización de nuestras
memorias: esta noción empirista de la mente servirá para que Hayek desarrolle
el concepto de mente como un aparato clasificatorio que a la luz de nuestra memoria nerviosa permite
agrupar la miríada de estímulos que
percibimos en una organización que les atribuye un significado preciso. A su
vez, dicha nueva percepción reorganiza la memoria nerviosa. A propósito, Joaquín Fuster comenta en el
prólogo de El Orden Sensorial:
“Hayek abandona pronto esta visión restrictiva y estática de
la percepción para adoptar una visión más dinámica de aquella función y más en
conformidad con los principios de interacción entre percepción y memoria,
fundamentalmente con el principio –previamente enunciado por Helmholtz- que
estipula que la percepción surge de la memoria, y viceversa, la memoria de la
percepción”[9]
La visión de la mente como un
proceso: este aserto sirve de idea base para el enfoque epistemológico de la
mente, Hayek desarrollará la tesis según
la cual no es válido pretender conocer la totalidad de la constitución mental,
pero si podemos conocer el cómo, por tanto el proceso operativo de la mente.
“...el objeto de nuestra
explicación debe ser todo el conjunto de relaciones que determinan el orden del
sistema de cualidades sensoriales (o mejor, mentales). Para proporcionar una explicación de este
tipo será necesario demostrar cómo en un sistema físico conocido ciertas
fuerzas pueden producir relaciones entre sus elementos de tal modo
diferenciadas que desarrollan un orden que corresponde estrictamente al orden
de las cualidades sensoriales”[10]
El principio de irreductibilidad de la mente: nuestro autor
trata extensamente los paradigmas fisicalistas y analíticos de la mente, y
demostrará con una sólida argumentación
por qué las escuelas que pretenden “diseccionar” la mente sencillamente
evaden el problema psicológico. En otras
palabras, al pretender descomponer la
mente, la destruyen.
“Por tanto, podría decirse que el behaviorismo no ha sido lo
suficientemente radical y coherente respecto a sus propias concepciones, desde
el momento en que tomó como propio punto de partida una representación del
mundo externo derivada de nuestra ingenua experiencia sensorial, en lugar de
–como debería haber hecho- asumir una
representación obtenida de las ciencias físicas que describen las propiedades
objetivas de ese mundo”[11]
Descomposición elemental y determinismo psíquico: además de
la imposibilidad científica de la descomposición en elementos de la
organización de la mente, Hayek abordará
los problemas del determinismo psicológico sobre el comportamiento, para ello explicará la relación existente
entre tres realidades: la física, la psicológica y la neuronal. Postulará una
relación isomórfica entre el orden psicológico
y el orden neuronal, y la ausencia de toda causalidad entre el mundo
físico y el mundo psicológico.
“Además del carácter relativo de todas las cualidades
mentales se sigue que cualquier discusión acerca de estas cualidades en
términos de sus relaciones recíprocas debe quedar necesariamente
circunscrita al ámbito de los acontecimientos
mentales; nunca podrá proporcionarnos un puente que lleve de los
acontecimientos mentales a los físicos”[12]
No es el
nervio o la substancia visual, es la
configuración neuronal que representa a toda percepción lo determinante: este
cambio de paradigma hacia una visión sistémica de los enlaces neuronales y de
la percepción es la brillante intuición hayekiana de la mente que después de
medio siglo de la publicación de El Orden Sensorial viene a ser confirmada y
respaldada por la neurociencia cognitiva contemporánea.
“Lo que llamamos mente es por tanto un orden particular de
un conjunto de acontecimientos que tienen lugar en cierto organismo y que en
cierto modo están relacionados con el orden físico de los acontecimientos del
entorno (aunque no son idénticos al mismo).”[13]
Además, para complementar
la respuesta a la segunda pregunta que dio origen a esta sección, también hubo
otra razón, de orden histórico y científico, que contribuyó a la focalización
de los trabajos de Hayek en los trabajos de la psicología sensorial antigua.
Posterior a dicha época de oro de la psicología sensorial,
se dio una atomización de la disciplina psicológica en múltiples
especialidades. La primera mitad del
siglo XX, vería el nacimiento de diversas escuelas, tales como el conductismo
radical, el conductismo operante, el
psicoanálisis, la Gestalt, el cognoscitivismo,
los modelos informáticos de la mente, la escuela humanista, la psicología
existencial, por mencionar los movimientos más relevantes solamente.
Esta atomización de la disciplina tuvo por consecuencia la
superespecialización del estudio de la mente.
Sucedió un fenómeno que un filósofo de la talla de José Ortega y
Gasset ya había señalado en sus análisis
sociológicos, pero que se puede aplicar con mucha similitud a este momento
histórico de la psicología: “la gente sabe más y más, de menos y menos”.
De pronto, la
psicología significaba muy distintos conceptos
para cada uno de los psicólogos especialistas. El objeto de estudio bien podía ser el
inconsciente, pero también, podía significar el estudio de la
consciencia, sin embargo algunas
escuelas no se sentían cómodas con el estudio de contenidos mentalistas,
entonces definieron su objeto de estudio como el comportamiento observable
exclusivamente, no faltaron los
psicólogos de casta fisicalista que
postularon la muerte del fenómeno psicológico, pues lo único que existía eran
los nervios y el cerebro, y así entre muchas otras definiciones de la ciencia
psicológica.
Y entre tanta efervescencia por el descubrimiento de nuevas
psicologías se perdió de vista cuál era el objeto de estudio de esta
disciplina. Solamente hubo destellos
aislados como los trabajos del neuropsicólogo Kart Lashley, de los psicólogos
Donald Hebb y Heinrich Klüver que se enfocaron en una pregunta capital: ¿qué es
la mente?. Pues aún y con toda la
especialización psicológica, la pregunta
fundamental de la psicología había quedado en pie, pero olvidada desde la época
de los fundadores de esta ciencia.
No es entonces casualidad que Hayek retome las líneas
maestras de investigadores como Helmholtz, Hering, Hebb, y las demás eminencias
de la psicología sensorial clásica, pues ellos también iban en búsqueda de
respuestas hacia la misma cuestionante que el pensador austríaco se hizo: ¿qué
es la mente?
Después de esta revisión de los antecedentes, contexto
histórico e ideas germinales de la teoría hayekiana de la mente, será necesario
desarrollar las ideas en sí contenidas en El Orden Sensorial. Para ello, será de capital importancia
comprender el basamento epistemológico de esta teoría, que radica a su vez en la Teoría General de
los Sistemas, tal como la expuso su principal ponente, Ludwig von Bertalanffy
(entre otras cosas, amigo personal de Hayek).
Un cambio de paradigma para enfocar
el problema de la mente: la teoría de sistemas
Como se acaba de mencionar,
actualmente existe una dispersión de paradigmas y modelos en la disciplina
psicológica, que pretenden explicar el
comportamiento y los procesos mentales humanos, sin embargo dan respuestas
contradictorias entre ellas mismas.
La ciencia moderna en general, no
sólo la psicología, se ha caracterizado
por la especialización de los diferentes campos. Esto ha llevado a la creación de dominios
intelectuales dentro de los cuales los
canales de comunicación son pocos o, sencillamente, inexistentes. A propósito, Bertalanffy escribió:
“La ciencia moderna se caracteriza
por la especialización siempre creciente, impuesta por la inmensa cantidad de
datos, la complejidad de las técnicas y de las estructuras teóricas dentro de
cada campo”[14]
Sin embargo, en los diferentes campos comenzaron a surgir
enfoques integradores y sistémicos, en el cual los "todos" ayudaban a explicar mejor las partes
interactuantes. Se fue notando la
emergencia de un nuevo paradigma, la teoría de sistemas, cuyos principios y
conclusiones son aplicables a varios campos del conocimiento. La meta de la
teoría de sistemas es estudiar la integración de dichas totalidades que pueden
provenir desde disciplinas sumamente dispersas;
las ciencias físicas, psicológicas y sociales están mostrando una tendencia hacia dicha
integración.
Una evidencia de la emergencia de
este paradigma es el surgimiento de relaciones isomórficas entre diversos campos del saber. Un ejemplo claro de esto es el de la
aplicación del isomorfismo entre orden neuronal y el orden cognitivo. Otros
ejemplos en la teoría psicológica, algunos afortunados otros no tanto:
el caso de la física hidráulica y del
modelo mental de psicoanálisis, la
teoría de los campos eléctricos y la
psicología Gestalt, los conceptos de
stress y resiliencia en psicología siendo términos originales de la tecnología
de materiales.
Una vez más Bertalanffy respalda
estas ideas:
“Este paralelismo de principios
cognoscitivos generales en diferentes campos es aún más impresionante cuando se
tienen en cuenta que se dieron independientemente, sin que casi nunca
interviniera nada de la labor e indagación en campos aparte”[15]
Debido a esta integración de principios generales entre distintas disciplinas, se ha hecho la crítica
a la teoría de sistemas de que no brinda
ninguna explicación, sin embargo cuando
estamos hablando de fenómenos complejos la única explicación posible es la
explicación de principio, tal como lo
dedujo Hayek también:
“(...), conviene observar ya desde
ahora que cuando decimos que ofrecemos una explicación, ésta no es otra cosa
que una explicación de principio mediante el cual se producen los fenómenos del
tipo en cuestión (...), también pretende
demostrar que, aunque seamos capaces de explicar el carácter general de los
procesos en acto, las operaciones de
estos procesos pueden ser tan complicadas en los detalles que su plena
explicación permanecerá siempre más allá del poder de la mente humana”[16]
Entonces, los sistemas son una nueva forma de analizar
los fenómenos psicológicos, y se visualiza a la mente como una realidad que
tiende hacia un orden u organización espontáneos.
Es interesante esta breve
introducción a la visión sistémica de la mente pues se evita el craso error en
el cual las ciencias psicológicas incurrieron: el modelo
mecánico-operativo-determinista. El
resto de esta sección consistirá en la
discusión de este paradigma.
El paradigma dominante en las
diferentes áreas del conocimiento, no solamente en Psicología, fue el mecánico-operativo-determinista. En biología,
la descomposición del organismo en células; en psicología, la descomposición del organismo en
reflejos, la descomposición de las
percepciones en sensaciones puras; en
sociología, la consideración de la
sociedad como suma de individuos, en
casos extremos se dio la física social.
El mecanicismo se convirtió en
toda una cosmovisión.
En psicología, específicamente, la
mayor parte de paradigmas, por muy distintos que sean, comparten una
característica: estamos ante el modelo robótico de los seres humanos. Se puede citar al conductismo y su modelo ambientalista y causal de la
conducta, y en el cual se da, sin
ninguna reserva, el impensable salto cualitativo desde el mundo animal al mundo humano. También el modelo computarizado de la
mente, en el cual los pensamientos son
programaciones susceptibles de ser cambiadas a voluntad, la mente funciona bajo los conceptos de
archivos de memoria, memoria de trabajo,
programaciones, etc. Por último,
el psicoanálisis y el modelo homeostático de la mente.
Lo erróneo no está en la existencia
de teorías especializadas acerca del comportamiento y de la mente, sino de su aplicación generalizada e
indiscriminada a todos los tipos de comportamiento, inclusive la faceta social
y cultural de la vida humana.
Sin darnos cuenta la imagen que se
forma de los seres humanos es sesgada,
pues la psicología normal se considera fundada en una imagen del hombre sediento de
reforzamientos o de pulsiones primarias.
El hombre es, fatalísticamente, una computadora, un
animal o un niño. El destino de los
individuos está determinado por genes, instintos, accidentes, o acontecimientos. Toda conducta tiene un mecanismo
subyacente que prescinde de la voluntad del sujeto, por tanto, la conducta
espontánea y creativa no existe.
Estos puntos nos llevan a discutir
temas tan controversiales como la ingeniería psicológica, o el diseño social basado en principios
psicológicos. Ejemplos claros de que no
han hecho falta estos esfuerzos de diseño son las obras Walden II (1948) del
psicólogo conductista B.F. Skinner o La
Revolución de la Esperanza (1970) del psicoanalista social Erich Fromm.
Concluyendo, es notable que el
enfoque epistemológico de la teoría de sistemas haya sido un enfoque afín a la
existencia y potencialidades del individuo en todas sus facetas: psicológica,
sociológica, cultural y económica, no es
casualidad entonces que este paradigma
haya sido utilizado para explicar el fenómeno de la mente en el contexto de la
Filosofía de la Libertad. Bertalanffy es
claro en este punto:
“El postulado principal será: el
hombre no es sólo un animal político; es, antes y sobre todo, un
individuo. Los valores reales de la
humanidad no son los que comparte con las entidades biológicas, con el
funcionamiento de un organismo o de una comunidad de animales, sino los que
proceden de la mente individual. La
sociedad humana no es una comunidad de
hormigas o de termes, regidas por instinto heredado y controlado por las leyes
de la totalidad superordinada; se
funda en los logros del individuo, y
está perdida si hace de éste una rueda de la máquina social”[17]
Es por ello que la teoría hayekiana
de la mente, basada en un enfoque sistémico y relacional de ésta, es la que
resolvió el problema fundamental de la psicología, respetando a su vez la conducta libre y
responsable. En este sentido superó a
los sistemas deterministas de la psicología (conductismo, psicoanálisis, entre
otros) que por investigar los últimos componentes de la mente, dieron por descartada la Libertad.
Pasaremos ahora a analizar la
propuesta del pensador austríaco.
II. La respuesta hayekiana al problema fundamental de la
Psicología
Un
reconocimiento actual a una tesis de medio siglo de edad
Joaquín Fuster, uno
de los neurocientíficos de mayor renombre en el escenario académico
mundial, en su introducción a su no
menos conocida obra Cortex and Mind (2003) hace referencia a una de las
curiosidades más impresionantes en la
historia de la teoría neuropsicológica:
“Friedrich Hayek was the first to
propose the representation of percepts and memories in large-scale cortical
networks of the kind proponed in this book.
That was a curious intellectual development in several respects, for one
thing because Hayek was neither a brain scientist nor a psychologist. He was an eminent economist (Nobel Prize,
1978) with a broad and profound interest in complex systems (…)”[18]
Con esta breve cita de Fuster,
podemos a su vez confirmar la importancia del enfoque sistémico aplicado a los
problemas de la mente y a los problemas de la sociedad, pero Fuster no deja
allí el encomio a Hayek, sino que continúas más adelante, con relación a la
obra de El Orden Sensorial:
“(...) Much less well known is The
Sensory Order (1952), his psychological essay. Yet it is one of the most
scholarly contributions ever made to the understanding of the cerebral
foundation of perception and memory. Its intellectual roots can be traced to
the works of Müller (Johannes), Mach, Boring, Lashley, Hebb, Klüver, and the Gestalt
psychologists, with all of which Hayek was thoroughly familiar. By in large,
therefore, psychology was the ground on which his thinking developed, though
with a view of the cerebral cortex that was highly advanced for his time”[19]
Con esta otra cita, se confirma a su
vez la importancia de haber hecho ese breve repaso histórico de la psicología
experimental alemana de la segunda mitad del siglo XIX, pero más relevante aún
es la preclaridad de la teoría hayekiana
de la mente que tuvo que esperar la maduración de medio siglo de investigación
neuropsicológica contemporánea para volver a ser descubierta y aquilatada en su
justo peso.
Hecho ya este preámbulo expondremos
las ideas centrales de la teoría de la determinación de las cualidades
sensoriales.
Evolución filogenética de la corteza
cerebral
El desarrollo de la corteza cerebral fue una de las herramientas que posibilitó la
mejor adaptación de la especie humana a su creciente ambiente societario, mejor comunicación entre sus congéneres y una
vida más larga. La sociedad exige, cada
vez más y más, cerebros desarrollados
con arquitecturas neurológicas más finas y con mayor conectividad.
Los cerebros de las especies
primitivas serían similares al cerebro de los anfibios, de las ranas de
hoy. En estos cerebros sólo existirían
las estructuras más primitivas, que
procesaban las emociones, las respuestas automáticas y viscerales, las funciones vegetativas, las percepciones simples, etc.
Pero fue durante los estadios
tardíos de la evolución que las bóvedas craneanas de los monos antropoides y de
los primeros primates se expandieron ampliamente, razón por la cual muchos hablan de una
verdadera explosión cortical para describir la velocidad de expansión del
cerebro en estas ultimas etapas.
La evolución del cerebro se puede
evaluar sobre la base de grosor y extensión de las nuevas capas
cerebrales, pero lo determinante es la
expansión de la capa de la corteza en
cuanto a superficie (lo que da origen a las circunvoluciones para acomodar toda
esa nueva superficie cortical en la bóveda craneana). También la cantidad, y la especialización en
diseño y fisiología es otra característica clave para comprender la evolución de
la corteza. Existen más neuronas con
mayor diferenciación en los cerebros evolutivamente mejor desarrollados.
Lo determinante en la
evolución, fue que se expandió la
corteza cerebral, la cantidad y
diferenciación de neuronas y, ante todo,
la conectividad y por tanto el surgimiento de redes o asambleas
neuronales en el cerebro que le permitieron al hombre el desarrollo de
símbolos, normas y códigos de mayor complejidad.
Y, determinante en la teoría
hayekiana, ésta explosión cortical que
se dio en el transcurso de la evolución permitió el sucesivo aprendizaje de las
generaciones descendientes de todo el espectro normativo y simbólico, de manera
tal que todo ser humano, el día de hoy,
nace con un rudimentario aparato clasificatorio fruto de la
sedimentación evolutiva, tanto biológica como cultural, de un sistema primitivo
de asambleas neuronales. En otras
palabras, desde el mismo momento de
nuestro nacimiento, nos encontramos
categorizando nuestras primeras impresiones del mundo que nos rodea.
Evolución ontogenética de la corteza
cerebral
Al final del segundo
trimestre de gestación, la generación de
neuronas está ya casi completa. Sin embargo, aún después del nacimiento las
neuronas continúan migrando y creciendo.
La formación sináptica comienza en
el tercer trimestre y sigue hasta los dos años de vida, se considera que las estructuras del cerebro
continúan formándose hasta la tercera década de la vida.
Ahora bien, la
corteza cerebral nunca se termina de desarrollar, la experiencia de vida siempre contribuye a cambiarla. Es por ello que las redes y el conocimiento siempre
tienen un final abierto.
Este aspecto dinámico del sistema de asambleas neuronales es
un respaldo a la interpretación hayekiana que,
en sociedad, siempre nos encontramos falseando nuestras hipótesis acerca
del mundo que nos rodea y que poco a
poco nuestros modelos mentales se van
afinando acorde a las normas sociales.
El mundo
fenoménico o mental, el cerebro y el
mundo físico
Para comprender la teoría psicológica de Hayek, es necesario
hacer las distinciones entre tres tipos de órdenes que se encuentran íntimamente
relacionados para explicar el problema de las cualidades sensoriales o de la
existencia de un orden mental. Fuster
nos aclara aún mas al explicar que existen
tres categorías de estudio para la ciencia: la realidad física, el cerebro y
la mente, estos órdenes se
encuentran organizados en un orden específico
de estructuras, eventos y
procesos que son conocidos o al menos cognoscibles para cada una de las disciplinas
especializadas: la física, la neurociencia y las ciencias cognitivas. Pero en palabras del mismo
Hayek, la definición de estos órdenes es:
“1. El orden físico del mundo externo, o de los estímulos
físicos, (...).
2. El orden neuronal
de las fibras y de los impulsos que transmiten esas fibras, el cual,
aunque forma parte del orden físico total, es sin embargo una parte del
mismo que no puede ser directamente conocida, sino sólo reconstruida.
3. El orden mental o fenoménico de las sensaciones (y demás
cualidades mentales) conocido
directamente, aunque nuestro
conocimiento del mismo es en gran parte un conocer cómo y no un conocer
qué, y aunque nunca podamos patentizar,
mediante el análisis científico, todas las relaciones que determinan dicho
orden”[20]
Con relación al orden físico, las ciencias físicas ofrecieron un paradigma de las relaciones de
los objetos con otros objetos, por lo
que se dejó de lado el problema del modo
en que estos objetos se nos presentan a nivel de nuestras percepciones
particulares, es decir, el problema psicológico o de la existencia de un orden
sensorial. Entonces, si bien la tarea de la física es desengañar a
nuestros sentidos de las relaciones reciprocas que se dan entre los distintos
fenómenos, la tarea de la psicología
teórica es explicar por qué dichas relaciones del mundo físico, se nos presentan sumamente distintas a
nuestros sentidos, en un orden
totalmente diferente.
También, las ciencias
físicas no pueden dar cuenta de los principios que conforman el orden
sensorial, ni tampoco de los principios
que conforman el orden neuronal (ya que
presenta los mismos principios de organización que el orden sensorial). Es sumamente importante esta distinción, pues es claro que los principios que aplican
al mundo físico son completamente inadecuados para explicar los procesos que
enlazan constelaciones de neuronas y brindan un significado funcional preciso a
cada uno de los estímulos, o, mejor
dicho, grupos de estímulos que son
procesados por la mente.
Por tanto, entre
estos dos órdenes, el físico y el mental (incluido su correspondiente orden neuronal) no existe una correspondencia isomórfica o biunívoca.
De allí que los objetos o
acontecimientos que pertenezcan a determinada categoría en un orden
físico, difícilmente se encontrarán en
la misma categoría en el psicológico.
Entonces, existen
diferencias entre el mundo físico y el mundo psicológico o sensorial. El orden físico,
que clasifica los objetos en base a la manera en que se relacionan con
otros objetos y el orden sensorial que
clasifica los objetos acorde a sus propiedades sensoriales (colores, olores,
sonidos, sensaciones táctiles, etc.).
Siendo más que evidente las
diferencias irreconciliables entre los procesos del mundo físico y los procesos
del mundo psicológico o sensorial, la
pregunta viable que queda no es cómo se
relaciona el sistema físico con el sistema psíquico, sino
que es necesario detallar más los alcances de esta pregunta y orientarla
a cómo una parte del mundo físico que radica en el organismo, el orden
neuronal, es capaz de generar un orden
completamente independiente y distinto: el sensorial o psicológico.
Las relaciones entre el orden sensorial y el orden neuronal
La pregunta principal que nuestro
autor tratará de responder es si el orden mental se encuentra correlacionado
con el orden de estructuras, eventos y procesos, especialmente de la corteza
cerebral.
De entrada se ha caracterizado este tipo de relación como isomórfica, esta relación se va a entender como la búsqueda de un orden espacial y
temporal en la corteza cerebral que casa
con el orden sensorial en cada aspecto.
De lo anterior se deduce que un cambio en el orden cerebral, corresponde un cambio en el orden sensorial y
viceversa.
Planteado el problema fundamental de la psicología. Hayek abre su investigación con el siguiente objetivo
en mente:
“Investigaremos como los impulsos
fisiológicos que tienen lugar en las diferentes partes del sistema
nervioso central pueden diferenciarse, unos respecto de otros, en su
significado funcional, de modo que se
diferencien sus efectos, de la misma manera
en que sabemos que difieren los efectos de las diferentes cualidades
sensoriales entre sí.”[21]
Al plantear el objetivo de su investigación de la manera
anterior se comprenderá la hipótesis que Hayek plantea acerca de las relaciones
que se pueden encontrar entre los acontecimientos neurofisiológicos y las
cualidades sensoriales (o mentales):
“Habrá que establecer una correspondencia entre
acontecimientos fisiológicos y acontecimientos mentales particulares para poder
demostrar que entre estos acontecimientos fisiológicos y otros acontecimientos
fisiológicos puede existir un sistemas de relaciones idéntico al sistema de
relaciones que existe entre los acontecimientos mentales correspondientes y
otros acontecimientos mentales”[22]
Ahora bien, si lo que
se pretende es investigar la configuración de las cualidades sensoriales en
estrecha relación isomórfica con las configuraciones de impulsos fisiológicos,
es importante comprender qué es una “cualidad sensorial” en el contexto de la teoría hayekiana:
“Para los fines de este análisis, nos serviremos del término cualidades sensoriales para referirnos a todos los diferentes atributos o dimensiones respecto a los cuales diferenciamos nuestras respuestas a estímulos diferentes.”