La justicia, de acuerdo a Platón
Lilian Yon B. *
El presente ensayo tiene como fin
principal hacer un pequeño estudio sobre la “justicia” en base a las enseñanzas
de Platón.[1]
Platón nació en Atenas cerca del año
427 antes de Cristo, filósofo griego, de familia noble. Frecuentó los círculos
militares y poéticos, pero ante su falta de éxito siguió la enseñanza de
Sócrates. Fundó en Atenas la Academia (año 387 a.c.).
De origen aristocrático, entendía
que el poder debía entregarse a los más sabios, consideró natural que la
profesión filosófica llevase a la política y al gobierno de la ciudad.
Es el primer pensador griego cuya
obra se ha conservado íntegramente, y Aristóteles ha transmitido fragmentos de
su enseñanza oral en la Academia.
El pensamiento de Platón surge en
una época de crisis política de Atenas, tras la guerra del Peloponeso y la
derrota frente a Esparta; y es la democracia que sigue a los treinta tiranos la
que condena a Sócrates, el justo; además la caída de los tradicionales valores
religiosos y morales da paso al relativismo ético de los sofistas y al debate
sobre la base convencional o natural de la ley. Platón busca una respuesta a
tales problemas. Sale en defensa de la memoria de Sócrates, elabora la teoría
de las ideas (hay, pues, valores y virtudes en sí, más allá de toda
convencionalidad), establece la justicia “en sí” como fundamento del orden
socio-político, eleva el eros a categoría ideal, presenta la figura del
filósofo (crítico para con la realidad, situado por encima de intereses
mezquinos y preparado para la muerte) como modelo del ser humano y el único
capaz de regir la polis, y se afana por hallar un prototipo de la misma.
Para Platón todas las virtudes se
basan en la justicia; y la justicia se basa en la
idea del bien, el cual es la armonía del mundo.[2]
Únicamente son tres las virtudes; que
son la prudencia, la templanza y la valentía.
La prudencia es ser acertado en las
deliberaciones. Esta virtud reside en el Estado, en aquellos magistrados que
están encargados de su guarda.
El valor es defender a la ciudad, la
cual recae sobre los guardianes de la polis.
La templanza es ser “dueño de uno
mismo”, la cual concierne a la polis.
La justicia es que cada uno haga
realmente lo que tiene que hacer y atañe a toda la polis. La justicia es el
principio mismo, virtud única de donde brotan las tres anteriores.
Entonces la justicia consiste en el
perfecto ordenamiento de las tres almas, es decir, cuando cada una desarrolla
las virtudes que le son propias: el alma racional, la prudencia el alma
concupiscible, la templanza el alma irascible, la fortaleza. Cuando estos
presupuestos se dan, se llega a la felicidad a través de la virtud. No
obstante, Platón mantuvo siempre la afirmación de que debe ser la razón la que
gobierne y que el único medio que nos puede llevar a la justicia, y por tanto a
la felicidad, es la educación.
Para Platón el imperio de la
justicia deviene necesariamente en la prevalencia de la felicidad. Por ello es
que el Estado tiene como misión promover ambas cuestiones, sobre todo porque la
felicidad en la cual desemboca la teoría platónica es la de la sociedad entera
(haciendo abstracción de la felicidad personal o individual). La justicia y la
felicidad son entonces, la justicia y la felicidad de la comunidad entera; es decir,
de la ciudad-estado en su conjunto.
Platón rechazó, así mismo, la
concepción de la justicia como el mero restablecimiento del equilibrio perdido
por algún exceso. No es la justicia, para él, simple compensación ante un daño
sufrido. Justicia para Platón es más bien, y sobre todo, rectitud. Esto
equivale a decir que absolutamente todo en la ciudad-estado debe responder y
corresponder al orden ideal, descubierto por la vía racional por el
filósofo-gobernante.
El concepto de justicia no se
detiene en los actos eternos del hombre, sino que regula lo interior del mismo,
no permitiendo que ninguna parte de su alma haga otra cosa que aquello que le
es propio.
Consiste entonces en poseer y hacer
lo que es de cada cual. Socialmente, es semejante a la armonía de los planetas
que mantiene un coordinado movimiento, y individualmente es un orden y una
belleza en las partes del alma. Lo malo surge cuando existe una desarmonía
entre el hombre y la naturaleza, entre los hombres y los hombres y entre el
hombre y él mismo.
La justicia se basa en el reparto
equitativo de los beneficios de una ciudad entre sus habitantes, de modo que
para gobernar de manera justa, aquellos que menos tienen deben ser los más
favorecidos por la organización de la ciudad. Según esto, los gobernantes que
quieran serlo de una ciudad, no pueden ser aquellos que ambicionen el poder
para su propio enriquecimiento, sino que deben gobernar aquellos que lo hagan
en virtud al desarrollo común. Si el gobierno recayese sobre aquellos que lo
ambicionan, la sociedad sería deficiente e injusta.
La persuasión y la fuerza son las
herramientas para que cada uno actúe con justicia, entendiendo por justicia,
"el hacer cada uno lo propio", de donde se infiere que la perfección
de la ciudad radica en que cada uno haga en ella lo que le es propio.
Para Platón, la justicia es un
atributo de perfección comparable a la sabiduría y a la valentía. La trasgresión
a este principio de justicia se castiga severamente, lo que permite que se
cumplan todas las tareas de la ciudad.
Señala también que en hacer cada uno
lo suyo y en no multiplicar sus actividades era, precisamente, en lo que
consistía la justicia. La justicia = hacer cada uno lo suyo. Esto es el
concepto de justicia en sociedad, lo cual consiste en que cada uno ocupe su
puesto.
Bajo la concepción naturalista del
orden social, Platón concluye que la justicia es un equilibro natural sobre el
cual debe inclinarse el hombre. Para el ateniense la justicia es sinónimo de
“lo que interesa al estado perfecto.” Una justicia que implica fundamentalmente
la correspondencia de las clases sociales a su función. Justo es que el
gobernante gobierne, que el trabajador trabaje y que el esclavo obedezca.
Por consiguiente, la justicia social
consiste en la realización de las funciones propias de cada grupo y que cada
grupo social sea consecuente con la virtud que le es propia.
Tratando el tema de la injusticia, Platón
plantea la necesidad de examinar la esencia de la misma. En principio comienza
señalando que no sería absurdo señalar que ésta debe consistir en la sedición
de los tres linajes del alma. Tal sedición se produciría cuando asistimos a la
sublevación de una parte del alma en contra del alma todo con el objeto, por
ejemplo, de gobernar sin pertenecerle el mando. En este contexto, se compara la
injusticia con la enfermedad y la justicia con la salud. Y es, señala, que el
producir salud es disponer los elementos que hay en el cuerpo de modo que
dominen o sean dominados entre sí conforme a naturaleza; y el producir enfermedad
es hacer que se manden u obedezcan unos a otros contra naturaleza. Pues bien,
el producir justicia no sería otra cosa que disponer los elementos del alma
para que dominen o sean dominados entre sí conforme a naturaleza.
Por su parte, el producir injusticia
es el hacer que se manden u obedezcan unos contra otros contra naturaleza. Por
todo ello, la virtud se nos aparece también como salud y bienestar del alma;
mientras que el vicio lo hace como enfermedad y flaqueza de la misma.
Ya a finales del libro IV, se
plantea la necesidad de investigar, en relación con la injusticia, si conviene
obrar justamente, portarse bien y ser justo, pase o no inadvertido el que tal
haga, o cometer injusticia y ser injusto con tal de no pagar la pena y verse
reducido a mejorar por el castigo. Sobre esta base afirma, en primer lugar, que
hay una sola especie de virtud e innumerables del vicio; además, señala cuáles
le parecen ser las especies de vicio o injusticia y las describe también a
partir de las formas de gobierno existentes en las ciudades y sus consiguientes
modos del alma. Afirma que estos modos son cinco y señala que uno de ellos se
corresponde con el descubierto en la investigación anterior (el único justo).
Este modo o forma de gobierno puede recibir dos denominaciones: cuando un
hombre sólo se distingue entre los gobernantes (reino o monarquía) y cuando son
muchos los que gobiernan (aristocracia). Para Platón el que sabe obra bien y es
sabio: justicia. La injusticia viene de la ignorancia.
Como punto final y luego de la
investigación realizada, podemos afirmar que la virtud de la justicia para
Platón, se da de dos formas: Primera; la justicia en general, que es la virtud
del orden. Es poner cada cosa en su sitio. En este sentido es tratada por los
pensadores presocráticos como justicia cósmica u orden cósmico. Y Segundo; la
justicia en sociedad, que es poner a cada ciudadano en su lugar social, según
su saber y el papel que puede y debe desempeñar (“imperio del saber”).
* Lilian Yon B. es abogada y notaria,
estudiante de la Maestría en Ciencias Sociales con área de especialización en
Filosofía y miembro del Seminario de Filosofía de la Universidad Francisco
Marroquín.
[1] El presente ensayo se hizo a
manera de estudio por lo que contiene básicamente una pequeña investigación
sobre el tema principal. Debido a la presentación y preparación del mismo, no
incluye un apartado separado de introducción, conclusiones y bibliografía per se.
[2] El presente estudio que se
hizo sobre la justicia tiene como única fuente el libro de Platón: “La
República”, no se toman en cuenta sus consideraciones en “Gorgias”