DIOS
PARA FUNDAMENTAR LA VICTIMIZACIÓN
Sayra Cardona*
La Iglesia Católica con su Carta Pastoral El Clamor por la Tierra ha definido su
postura en cuanto a los conflictos que aquejan al país. La iglesia pone énfasis:
en las desigualdades económicas que existen en la población[1], la solidaridad ante el
dolor y pobreza ajena que como cristianos debemos tener[2] y la incorrecta
distribución que actualmente existe de la tierra[3].
Según la iglesia católica las desigualdades sociales que hay
en el país aumentan la brecha entre ricos y pobres, fortaleciendo a ciertos
sectores de la población y dejando desamparados y a su suerte a otro
mayoritario sector de la población. Y como enfatiza la iglesia todos estos
problemas y vicisitudes enfrenados por los campesinos e indígenas son vistos
con indiferencia y en ocasiones comercializados por la población[4].
La iglesia concluye haciendo un llamado a las personas a
reflexionar respecto a su codicia e indiferencia ante las citaciones afrontadas
por estas personas. Invita a las personas para que recapaciten acerca de las
“injusticias” que se están cometiendo en el país. Fundamentando que la voluntad
y el mandato divino deberán prevalecer[5].
Ante tal argumentación surgen cuestionamientos respecto a
los siguientes puntos.
¿Qué es lo que hace al hombre
cooperar en sociedad? ¿Cuáles son los principios de igualdad que nos rigen? ¿Qué
define la acción del hombre? ¿Cómo aprende el individuo en sociedad? ¿Cuál es
el locus de control? ¿Será que existe en la humanidad una inteligencia superior
capaz de la realizar una “justa” distribución de la riqueza? ¿Cuáles son sus
implicaciones?
La presente investigación pretende comprobar que un locus de
control externo favorece la vitimización de la población guatemalteca, lo cuál
incrementa la conformidad antes los principios de autoridad. En Guatemala
existe una tendencia a delegar la responsabilidad en los demás, el cuál se
perpetúa con la imitación de modelos que no asumen su responsabilidad. La
personas sueles decir: “es que mi papa tiene la culpa”, “el problema es mi
esposo toma mucho, “es que el gobierno debería darles trabajo”, “el gobierno
tiene la culpa”, “porque no me recordó las tareas que había que realizar”,
“Dios nos va a proteger” y “ese profesor me puso una mala nota”. El lenguaje
que emplean los guatemaltecos por lo general es en tercera persona, es decir
el, ella, el otro y ellos.
Estas frases y dichos que comúnmente escuchamos muestran las
características de personalidad de los guatemaltecos. O sea, los guatemaltecos
tienden a inculpar al otro pues se les dificulta asumir su responsabilidad.
Debido a que por medio del lenguaje la sociedad fomenta el que los individuos
no asuman su responsabilidad, en Guatemala se da el juego de roles victima-victimario.
Podemos decir una persona inculpa a otra por las situaciones que le tocan vivir
(víctima); inculpa a una persona que por poseer poder es depositario de dicha
responsabilidad (victimario). Hay una persona que no asume las consecuencias de
sus actos ni considera que puede hacer algo para cambiar su situación pues hay
una figura de autoridad por encima de ella la cuál se supone debería satisfacer
todas sus necesidades. Se considera que esa figura es el poseedor de una verdad
y un conocimiento absoluto por lo que todos deben recurrir a él para poder
encontrar la solución. Por ejemplo: el padre en la casa, el gobierno en la
sociedad, el maestro en el colegio y el sacerdote en la iglesia. Esta
percepción de las figuras de autoridad es propia del locus de control externo,
pues delega y asume que alguien más es el responsable.
El
hombre, ser social
Al nacer el ser humano, en palabras de R. Linton[6], “se ingesta en una
organización que ya es una entidad funcionando. Su problema como individuo no
es ayudar a organizar una nueva sociedad, sino el de ajustarse a los patrones
de un grupo viviente, que desde mucho antes de nacer él llego a implantarse”.
Es decir, que al nacer el niño es inmerso en una cultura a la que tiene que
incorporarse para poder trasmitirla a la siguiente generación.
La pregunta por el origen del hombre nos lleva al debate
naturaleza-cultura. La cultura nace de la naturaleza del hombre, sin embargo el
hombre natural no posee ninguno de los comportamientos naturales y adaptativos
de los animales. En otras palabras, la cultura toma las necesidades biológicas
que compartimos con otros animales y nos enseña a expresarlas de formas
particulares. Las personas tienen que comer, pero la cultura nos enseña qué,
cuándo y cómo. Por eso, lo cultural se refiere a lo adquirido, lo social, a lo
construido e instituido.
La cultura aparece cuando el ser humano ante la aleatoriedad
y el caos existente en la naturaleza y en su grupo social, responde con unas
construcciones cognitivas determinadas, creadas y consensuadas; dentro del
grupo, que los distintos miembros repiten para mantener la percepción cognitiva
de control que facilita la supervivencia.
La cultura es el
estudio de las forma de comportamientos, ideas, actitudes y tradiciones
duraderas compartidas por un gran grupo de personas, la cuales son trasmitidas
de generación en generación. Estos patrones culturales “[…] representa la normal,
anticipada, de cualquier miembro de la sociedad a una situación determinada”[7]. Todos los individuos
pertenecen a una cultura.
La sociedad es una vida organizada en grupos regida por
normas. Las sociedades tienen una duración mayor que la vida del individuo. Por
lo que “[…] la gente nace, vive y muere como miembros de la misma sociedad”[8]. Como nos explica C. Menger[9] la sociedad no es producto
de ningún acuerdo, sino surge espontáneamente de la convivencia e interacción
de los individuos. En otras palabras, el orden social es producto de la
evolución humana y no de la razón.
Hayek[10] nos dice: “[la mayor
ventaja] de la vida social, especialmente en las formas más avanzadas que
denominamos «civilización», descansa
en el hecho de que el individuo se beneficia de mas conocimientos de los que
posee”. Es decir,
hay un orden más extenso de cooperación social. Para Hayek la civilización son
las formas complejas de una vida en sociedad caracterizadas por el uso del
conocimiento disperso y por la ignorancia en cuanto a su funcionamiento. La
civilización comienza cuando el individuo en la consecución de sus fines
sobrepasa los límites de su ignorancia y se aprovecha de conocimientos que no
poseía antes.
Hayek nos explica que de cierta forma el hombre ha creado su
civilización, pues está constituida por las acciones humanas de centenares de
generaciones; sin embargo, esto no significa que la civilización sea resultado de
los designios humanos o que los hombres sepan de qué depende su funcionamiento
y continuada existencia. Por lo tanto es totalmente falsa la idea de que el
hombre está dotado de una mente capaz de concebir y crear civilización.
Descartes, en su obra El
discurso del método, expone su idea de que la razón humana es el
juez-tribunal que todo lo resuelve. Hayek nos dice que a raíz de estas ideas,
expuestas por Descartes, broto un erróneo intelectualismo que proponía que la
razón humana era independiente de la naturaleza y experiencia para poseer
conocimientos y ejercer la capacidad de razonar. Sin embargo, el desarrollo de
la mente humana es parte del desarrollo de la civilización. La mente humana en
sí misma es un sistema que cambia constantemente como resultado de sus
esfuerzos para adaptarse al ambiente que lo rodea.
Para Hayek el hombre es racional porque aprende, y ese
deposito meta conciente es un aprendizaje. La abstracción son modos semejantes
de actuación en circunstancias parecidas. Para él, la abstracción es meta
conciente porque tiene que ver con un marco normativo que se expresa en forma
de hábito y es parte de la personalidad. Lo propio del ser humano es tener una
inteligencia normada. Es decir, la forma más fundamental de inteligencia es la
normatividad. La razón es algo del ser humano, que deviene producto del
aprendizaje y la convivencia social.
Mises[11] define que la sociedad
es: “[…una] acción concertada; cooperación. Es producto de un comportamiento
conciente y deliberado”. Esto no quiere decir que un buen día individuos
celebran un contrato en virtud del cuál la sociedad quedo fundada. Las acciones
que han realizado la cooperación social y que de nuevo diariamente la realizan
no tienden a otra cosa que cooperar y colaborar con otros para alcanzar
determinados fines concretos. Es decir, la sociedad es división del trabajo y
combinación de actuaciones múltiples para producir un esfuerzo
cooperativo.
La sociedad humana es fruto de la acción
humana, en otras palabras, de la apetencia humana por suprimir el malestar en
la mayor medida posible. “La acción es siempre acción de seres individuales. Lo
social o el aspecto social es sólo una orientación determinada que adoptan las
acciones individuales”[12]. La acción humana es una
conducta consciente movilizada a voluntada para ser transformada en actuación,
con la cuál se pretende alcanzar fines y objetivos precisos.
El hombre, al actuar, opta, determina y procura alcanzar un
fin. Dos cosas que el individuo no puede disfrutar al mismo tiempo, debe elegir
una y rechazar otra. “La acción implica, siempre y a la vez, preferir y
renunciar” [13].
La acción implica acudir a ciertos medios para alcanzar cientos fines.
Podríamos decir entonces que el orden social no ha sido
creado deliberadamente por los seres humanos; sino que por medio de acciones no
intencionadas se produjeron instituciones que permiten a los seres humanos
convivir y cooperar. La razón humana tiene funciones limitadas, pues es producto
de la interacción social que implica el forjamiento del sistema normativo. Por
lo tanto no se puede asumir que lo que es resultado de pueda tener el
conocimiento para crear aquello de los que es resultado. La sociedad espera de
cada uno de sus miembros una cierta clase de conducta, mediante la imposición
de innumerables y variables normas.
Aprendizaje
social y su relación con el locus de control
La psicología social es el estudio
científico de la manera como las personas piensa, se influyen y se relacionan
con los demás. El comportamiento social, varía no sólo por una situación
objetiva sino por la forma en que las personas la interpretan. Como interpreten
las personas las situaciones esta influido por las representaciones sociales.
Creencias socialmente compartidas, ideas y valores ampliamente difundidos que
incluyen nuestras presunciones e ideologías culturales.
La teoría cognoscitiva social ostenta varios supuestos
acerca del aprendizaje y la ejecución de conductas que tratan de las interacciones
recíprocas de personas, comportamientos y ambientes; del aprendizaje en acto y
vicario, así como también de la distinción entre aprendizaje y desempeño.
Bandura[14] analiza la conducta
humana dentro del marco teórico de la reciprocidad triádica, la interacciones
reciprocas de conductas, variables ambientales y factores personales como las
cogniciones. Según la postura cognitivo social, la gente no actúa impulsada fuerzas
internas ni es controlada y moldeada automáticamente por estímulos externos. El
funcionamiento del individuo se explica en función de un modelo de reciprocidad
triádica en cuál la conducta, los factores de personalidad cognoscitivos y de
otra clase, así también como los acontecimientos del entorno son variables
determinantes que interactúan entre sí. Es decir, unos con otros.

Figura No. 1 Modelo de reciprocidad
triádica
La reciprocidad triádica es evidente en un importante
constructo de la teoría de Bandura: la autoeficacia percibida, o las opiniones
acerca de las propias capacidades de organizar y emprender las acciones
necesarias para alcanzar los grados de desempeño designados. Con respecto a la
interacción de auto eficiencia (un factor personal) y conducta, la
investigación muestra que esas creencias influyen en las conductas orientadas a
los logros, como la elección de una tarea, la persistencia, el gasto de
esfuerzos y la adquisición de habilidades.
En la teoría cognoscitiva social, el aprendizaje es una
actividad de procesamiento de información en la que los datos acerca de la
estructura de la conducta y de los acontecimientos del entorno se trasforman en
representaciones simbólicas que sirven como lineamientos de la acción. El
aprendizaje ocurre en acto, es decir la ejecución real, o en modo vicario por
la observación del desempeño de modelos. En ambos aprendizajes el individuo
observa las consecuencias de las acciones para retener las que dan resultados
exitosos y descartas o perfeccionar las que llevan a fracasos.
Las etiquetas, conceptos y representaciones mentales que
utilizamos para interpretar definir y expresar el mundo, nos estructuran en la
totalidad de nuestro ser como personas. Todas las etiquetas, conceptos y
representaciones mentales las aprendemos. Es como si fueran cromosomas sociales
pero a diferencias del código genético, se trasmiten de generación a generación
por medio del aprendizaje y el modelamiento. Se podría decir entonces que la
cultura en sentido extenso no es, después de todo, sino lenguaje (verbal y no
verbal) y las derivaciones materializadas que se pudieran dar del mismo. La
importancia del lenguaje radica en que los pensamientos están estructurados y
se expresan por medio de este. Es decir, que todo lo que es observado o
detectado en el mundo humano es una construcción de la mente y de los sentidos
por medio del lenguaje. El ser humano no tiene relación con el mundo (la cosas en sí), sino a través de los
símbolos o representaciones que los designan (la cosa en mi).
La personalidad es una organización más o menos duradera de
fuerzas internas del individuo asociadas con un complejo de actitudes, valores
y modos de percepción bastante consistentes, que responden en parte de la
consistencia del comportamiento individual. Las experiencias de la infancia y
de las etapas posteriores de la vida se combinan con las predisposiciones genéticas
para formar los atributos psicológicos del adulto.
De aquí se puede inferir la importancia del aprendizaje
social para el individuo. Los factores ambientales unidos a su personalidad y
conducta crean la forma particular de ser del sujeto. La cultura es tanto
pública como individual, pues está tanto en el mundo como en las mentes de los
individuos. El individuo y la cultura están vinculados porque la vida social
humana es un proceso en el que los individuos hacen suyos los significados de
los mensajes públicos.
Según la teoría de la atribución las personas se explican el
comportamiento de los demás, atribuyéndolo a disposiciones internas (rasgos
duraderos, motivo y actitudes) o a situaciones externas. La visión del mundo en
Norte América, Estados Unidos principalmente, predispone a las personas a
suponer que es la gente y no las situaciones la causa de los eventos.
Dependiendo de la cultura en la que uno se encuentre va a
prevalecer un indidivualismo o un colectivismo. El individualismo proporciona
una identidad personal definida por rasgos y metas individuales. Prevalecen los
derechos y libertades del sujeto, el logro y su satisfacción. Las culturas
colectivistas proporcionan una identidad social definida por las relaciones con
los demás. Prevalecen las responsabilidades y relaciones sociales, las metas y
solidaridad con el grupo. Guatemala es un país colectivista que predispone a
las personas a suponer que son las situaciones externas la causa de los eventos.
Los procesos de percepción y las
estrategias de adaptación del hombre habían sido estudiados por la psicología
en términos de funciones como la memoria, la atención, la inteligencia, etc.
Pero la percepción de control cognitivo que tienen las personas sobre su medio
no fue estudiada científicamente hasta 1975 por los psicólogos sociales.
Es a partir del fallo de uno los
experimentos con sus perros que Seligman empieza a desarrollar un modelo cognitivo
para explicar la sensación, percepción cognitiva de control individual, de
indefensión de los animales y de las personas ante la aleatoriedad de los
acontecimientos a los que nos enfrentamos diariamente.
El locus de control se refiere al grado en
que las personas perciben sus logros ya sea controlables desde dentro de sus
propios esfuerzos y acciones, o controlados desde fuerza por el azar o las
fuerzas externas. Las culturas colectivistas favorecen a que las personas
tengas un locus de control externo
mientras las individualistas favorecen un locus
de control interno.
En Guatemala los individuos manifiestan una necesidad de
depender del otro. Es por medio de ese otro que pueden justificar todas sus
acciones. En otras palabras, si hay una persona en la que se concentra el poder
y se asume que tiene la respuesta a todas las preguntas, los individuos van a
depender de ese otro para que les solucionen los problemas. Por lo cuál la
responsabilidad y la causa de los acontecimientos estarán delegadas a factores
externos. Según la terapia cognitiva de Aarón Beck[15] existe una creencia central
llamada desamparado que tiene la presunción que si nadie me
ayuda no sobreviviré; no soy capaz de mantenerme a mí mismo. Esa necesidad de depender o
delegar en otro, locus de control externo, es la indefinición o desamparo que han
manifestado las personas a raíz de la conquista, las dictaduras y el conflicto
armado interno entre otros acontecimientos. La idea que nos hacemos del pasado
individual o colectivo depende de la manera cómo interpretamos que ese pasado
está determinando nuestro presente. El individuo no actúa en función de la
historia tal cuál es, sino tal cuál
nos la representamos.
A lo largo de la historia guatemalteca podemos encontrar
varios ejemplos de regímenes autoritarios. La familia, como grupo primario
inmediato, resulta reciclando el entorno de la violencia; es decir, el
autoritarismo (la coerción, la coacción, el chantaje, el abuso, el maltrato o
la agresión) que experimenta como individuo en su interacción social, con el
gobierno o figuras de autoridad. El gobierno de Guatemala representa a ese
padre o madre que ejerce en su casa un liderazgo paternalista-autocrático. En
el cuál este líder concentra todo el poder de decisión, sobreprotege al grupo,
quiere asistir a todos las personas y proporcionarles lo que necesitan.
Hayek[16] utiliza el término estado
benefactor para describir el resultado de un liderazgo
paternalista-autocrático. Como Hayek bien hace énfasis el problema del estado
benefactor no son los fines perseguidos de ayudar y proporcionar vivienda,
salud y educación a los individuos; sino los métodos o medios empleados por la
sociedad. El gobierno no debería asumir el papel de ese ente al cuál todas las
personas deben recurrir para solucionar sus problemas. Él señala bien que los
partidarios de la libertad descubren que los planes del estado benefactor tienen
actividades que rebasan bastante lo que se considera legítimo e indiscutible.
Ejemplo de estas actividades serían los precios tope que los gobernantes
sugieren para algunos productos de la canasta básica; también podríamos
mencionar la expropiación y redistribución de la tierra y los subsidios.
Las sociedades en las que el poder se concentra en una
persona desincentiva la responsabilidad individual, delegando en ese otro que
tiene el poder todas las consecuencias de las propias acciones. Los
sentimientos de indefensión hacen que los individuos jueguen el papel de
víctima e inculpen al otro de todas las situaciones que le ocurren, pues este
individuo se considera incapaz de realizar acciones para cambiar su situación.
La sociedad guatemalteca por medio de la imitación y el
modelamiento fomenta en los sujetos un locus de control externo, que hace
percibir la auto eficacia como el resultado de agentes externos. La personas no
se consideran capaces de realizar acciones que induzcan al cambio por lo que se
estacan en su situación actual y culpabilizan a otros de cómo se encuentran. Está
visión representa un obstáculo para la libertad, pues no hay libertad sin
responsabilidad. Es por eso que resulta para el individuo preferible seguir
delegando la responsabilidad en el otro inculpándolo de las consecuencias de
sus actos que asumir responsabilidad y tener que realizar acciones que generen
cambios. Solamente al asumir esta
responsabilidad el individuo va a poder disfrutar de la libertad.
Podríamos decir entonces que si el gobierno se limitara al
cumplimiento de de sus funciones, seguridad y justicia, dejaría de seguir ejerciendo
el liderazgo paternalista-autocrático que fomenta un locus de control externo y
la vitimización de los sujetos. Pues si no existiera esa persona o situación
externa que va a resolver los problemas, los individuos asumirían la
responsabilidad de sus actos, surgirían soluciones creativas a sus
problemáticas y se sentirían más satisfechos con el trabajo que realizan.
La
esfera pública y privada
La pensadora Hannah Arendt[17] explica que el nacimiento
de las cuidades-estado en Grecia significo que el hombre recibiera además de su
vida privada, una especia de segunda vida; la denominada bios políticos. Ahora todo ciudadano
pertenece a dos órdenes de existencia, y existe una tajante distinción entre lo
que es suyo (idiom) y lo que es comunal (koinon). Es un hecho histórico el referido por Aristóteles, el que
la fundación de la polis fue precedida
por la destrucción de todas las unidades organizadas que se basaban en el
parentesco, tales como la phratria y la phylé.
Se podría decir que el cambio principal en el proceso de la
evolución de la cultura se produjo con el paso de la comunidad a la sociedad.
La comunidad estaba caracterizada por las relaciones de parentesco, status,
sentimientos y una interacción persona a persona. La sociedad dio paso a las
relaciones interpersonales, contractuales, formales y una interacción
segmentaría y pragmática.
Como nos explica H. Arendt[18] que tras la caída del
Imperio Romano, la iglesia católica ofreció a los hombres un sustituto a la
ciudadanía. En palabras de ella “la tensión medieval entre la oscuridad de la
vida cotidiana y el grandioso esplendor que esperanzaba a todo lo sagrado, con
el concomitante ascenso de lo secular a lo religioso, corresponde en muchos
aspectos al ascenso de lo privado a lo público en la antigüedad”.
“Con la decadencia de la familia y el auge de
la sociedad inicia claramente la absorción de la unidad familiar en los
correspondientes grupos sociales. La igualdad de los miembros de estos grupos,
lejos de ser una igualdad entre pares, a nada se parece tanto como a la
igualdad de los familiares ante el despótico poder de la cabeza de familia,
excepto que en la sociedad, donde la fuerza natural del interés común y de la
unánime opinión está tremendamente vigorizada por el puro número, el gobierno
verdadero ejercido por un hombre, que representa el interés común y la recta
opinión, podría llegar a ser innecesario. El fenómeno del conformismo es
característico de la última etapa de este desarrollo moderno”[19].
En la esfera privada de la familia era donde se cuidaban y
garantizaban las necesidades de la vida, la supervivencia individual y la
continuidad de la especie. Una de las características de lo privado, antes del
descubrimiento de lo íntimo, era que el hombre existía en esta esfera no como
verdadero ser humano, sino únicamente como espécimen del animal de la especie
humana.
El carácter monolítico de todo tipo de sociedad, su
conformismo que sólo tiene en cuenta un interés y una opinión, está enraizado
básicamente en la unicidad de la especie humana. Debido a que dicha unicidad no
es fantasía ni siquiera simple hipótesis científica, como por ejemplo la «ficción comunista» de la economía
clásica, la sociedad de masas, en la que el hombre como animal social rige de
manera suprema y donde en apariencia puede garantizarse a escala mundial la
supervivencia de la especie, es capaz al mismo tiempo de llevar a la humanidad
a su extinción. Según Arendt ésta era la razón básica del desprecio sentido en
la antigüedad por lo privado. El auge de la sociedad ha hecho cambiar la
opinión sobre la esfera privada, pero no ha conseguido cambiar su naturaleza.
En la sociedad estamental, el sujeto puede atribuir la
adversidad de su destino a circunstancias ajenas a sí mismo. Le hicieron de
condición servil y por eso es esclavo. La culpa no es suya no tiene porque
avergonzarse. La mujer se queja que no es duquesa porque su marido no lo es y
el marido dice que no lo es porque su padre no lo fue.
Según Foster[20] la visión del mundo del
campesino, denominada imagen del bien limitado, consiste en percibir como
finito: tierra, riqueza, salud, amor, amistad, honor, respeto, status, poder,
influencia, seguridad. Al ver todo como escaso, los campesinos creen que los
individuos sólo pueden descollar en algo porque se apropian de una parte mayor
de la que les correspondería en términos proporcionales de lo que es una
especie de reserva común, lo que implica privar a otro de lo que sería su
parte.
Ayn Rand[21] nos dice: “la noción
tribal de bien común ha servido como la justificación moral de muchos
sistemas sociales –y de todas las tiranías– en la historia. El grado de
esclavitud, o de libertad en una sociedad, corresponde al grado en que aquella
consigna es invocada, o ignorada”. “El
bien común (o el interés
público) es un concepto indefinido e indefinible: no hay tal cosa como la tribu o el público; la tribu (o el público o la sociedad) es sólo un
número de individuos. Nada puede ser bueno para la tribu como tal. Lo bueno y lo valioso sólo les conciernen a los organismos vivientes –a los
organismos vivientes individuales– no a relaciones agregadas incorpóreas”.
Mises[22] nos explica claramente
que “el ser humano nace siempre en un ambiente que se encuentra socialmente
organizado. Sólo en tal sentido puede afirmarse que –lógica o históricamente–
la sociedad es anterior al individuo. En cualquier otro sentido la afirmación
es engañosa y falsa. Es cierto que el individuo vive y actúa en el marco
social, pero la sociedad no es más que la combinación de actuaciones múltiples
para producir un esfuerzo cooperativo. En ninguna parte existe fuera de las
acciones de los individuos y es puro espejismo imaginarla fuera del ámbito en
el que los individuos actúan”
Dios
como argumento de autoridad
La religión se ha utilizado para mantener el orden y la
estratificación sociales. La desgracia, la conquista y la esclavitud se pueden
sobrellevar más fácilmente si los oprimidos creen que la otra vida les reserva
algo mejor. Los mitos trágicos retratando deidades impresionantes, previenen a
la gente de cuestionar la autoridad de los dioses o de los gobernantes y
líderes religiosos que los representan en la tierra.
H. Arendt[23] propone que es difícil
identificar lo público y lo religioso, pues la esfera secular bajo el
feudalismo fue por entero lo que había sido la esfera privada en la antigüedad.
El jefe de familia de los griegos y romanos podía aplicar las normas más duras
o suaves pero siempre ateniéndose a la ley. A diferencia el señor feudal podía
administrar justicia en su territorio; es decir, él era la ley. En una economía
de libre mercado los individuos tienen que estar sujetos a leyes generales,
abstractas e impersonales.
Desde un punto de vista católico, no cabe una acción
puramente humana. Si el hombre es imagen de Dios, toda acción humana, grande o
pequeña, la haga quien la haga, esconde algo divino, algo que la hace
naturalmente religiosa. Como pudimos observar en el hombre, ser social: la
acción humana es una conducta consciente movilizada a voluntada para ser
transformada en actuación, con la cuál se pretende alcanzar fines y objetivos
precisos.
Como Weber explica, si la esencia del “espíritu capitalista”[24] es la posibilidad de una
acción puramente humana, esto se opondría a la esencia antropológica católica.
Esto vendría a derrocar al argumento de la acción naturalmente religiosa, pues
al ser la acción consciente y un medio para alcanzar un fin implica el empleo
de la mente humana y de la subjetividad del individuo para su realización. Por
lo tanto son sus decisiones las que determinaran sus acciones.
El liberalismo no opone ningún obstáculo a que el hombre
adapte voluntariamente su conducta personal y ordene sus asuntos privados a
tenor de las enseñanzas del evangelio, según él mismo, su iglesia o su credo
las interpreten. A lo que se opone terminantemente es a todo intento de
impedir, mediante la apelación a la intuición religiosa o a la revelación, el
estudio racional de los problemas que el bienestar social suscita. El
liberalismo a nadie impone el divorcio o el control de la natalidad. Pero
combate a quienes quieren impedir a los demás que analicen libremente las
razones en pro y en contra de estos asuntos.
Al criticar los argumentos propuestos en la Carta Episcopal,
no se está juzgando la fuente o el origen de donde provienen dichos argumento;
sino la fundamentación lógica de los mismos. La iglesia continuamente desresponsabiliza
a la personas pues fomenta la creencia de desamparo y la posición de victima al
considerar que las otras personas son las responsable del bienestar de los
individuos.
Los sujetos se conforman pues asumen el papel de víctima. Consideran
que son incapaces de hacer algo para cambiar la situación y es así como delegan
en otros la responsabilidad. Recurren a una terceridad más allá del mundo
material para poder justificar lo que les sucede. No es Dios, ni el estado el
responsable del bienestar del individuo, sino es el sujeto mismo que se procura
dicho bienestar por medio de sus acciones. El bien común es “un concepto
vacío, a menos que sea tomado literalmente, en cuyo caso sólo puede significar
que es la suma del bien de todos los individuos involucrados”[25].
Para terminar podríamos reafirmar lo
que dice Moser[26],
la vida sería insoportable en una sociedad donde todo dependiera exclusivamente
de la valía individual. Somos proclives a sobreestimar nuestra capacidad y
nuestros merecimientos; de ahí que, cuando la posición social viene
condicionada por factores ajenos, quienes ocupan lugares inferiores toleran la
situación- las cosas son así-
conservando la dignidad y la propia estima, convencidos que valen tanto o más
que los otros. En cambio, el planteamiento varía si sólo decide el mérito
personal; el fracaso se siente humillado; rezuma odio y animosidad contra
quienes le superan.
La sociedad en la que el mérito y la
propia ejecutoria determinan el éxito o el hundimiento es la que el
capitalismo, apelando al funcionamiento del mercado y de los precios, extendió
por donde pudo. Sería entonces para el individuo preferible vivir condicionada
de factores ajenos pues los individuos no se sentiría inferiores ni humillados.
Bibliografía
* Estudiante de Psicología de
la Universidad Francisco Marroquín.
[1] “En efecto, nos
sentimos cuestionados porque estas hirientes desigualdades entre quienes gozan
de la posesión de los bienes de la tierra aún en demasía y los que nada o casi
nada poseen, no sólo aumentan cada día más la inmensa brecha entre ricos y
pobres, sino se dan en un pueblo que se confiesa y considera cristiano”.
[2] “La solidaridad es lo contrario al individualismo egoísta, pues nos hace pensar en los demás al mismo tiempo que pensamos en nuestra propias necesidades. Nos hace buscar la solución a los problemas de los demás. Tienen su base en el sentido cristiano de la fraternidad, pues la solidaridad se basa precisamente en una verdad fundamental del cristianismo: todos somos hermanos porque somos hijos de un mismo Dios, estamos dotados de la misma dignidad, gozamos de los mismos derechos y estamos llamados a la misma glorificación con Dios”.
[3] “Por vuestra parte, responsables de los pueblos, clases poderosas que tenéis a veces improductivas las tierras que esconden el pan que a tantas familias falta, la conciencia humana, la conciencia de los pueblos, el grito del desvalido, y sobre todo la voz de Dios, la voz de la Iglesia os repiten conmigo: No es justo, no es humano, no es cristiano continuar con ciertas situaciones claramente injustas”. También: “legislar en vista de un distribución equitativa de la tierra, principiando con las vastas propiedades estatales y “las propiedades cultivadas, a favor de quienes sea capaces de hacerlas valer”.
[4] “El ver al
campesino o indígena vestido con harapos, enfermo, sucio y menospreciado nos
parece de lo más natural. Hacemos “folklore” y turismo de los ranchos húmedos,
inhóspitos e insalubres”.
[5] “Esa liberación
empieza para la creación, cuando los bienes de la tierra dejan de ser medios de
rivalidad y explotación de los hombres para convertirse en medios de
fraternidad y comunión”. “La fe en el Señor Resucitado y la fraternidad que le
sigue como fruto, hace brotar la tierra nueva donde habitará la justicia (2P3,
13). “Entonces habrá un cielo nuevo y una tierra nueva, no habrá no muerte ni
llanto, ni gritos, ni fatigas, porque el mundo viejo habrá pasado” (Ap 21,
1-4).
[6] Linton, R. Cultura y personalidad. (México: Fondo de Cultura Económica. 1963), p. 31.
[7] Ibíd., pág. 34
[8] Ibíd., pág. 31
[9] Romero A. Rückher zu menger. Profesor
del Centro Henry Hazlitt de la Universidad Francisco Marroquín.
[10] Hayek, Friedrich
von. Los fundamentos de la libertad. (Unión
Editorial, Madrid, 1982), pp. 47-49.
[11] Mises, L. La acción humana. Tratado de economía. (Madrid:
Unión Editorial, 1995), pp. 173, 177.
[12] Ibíd., pág. 173
[13] Ibíd., pág. 17
[14] Schunk, D. Teorías de la personalidad. (México: Prentice Hall, 1997), pp. 108 y 109.
[15] Quinto, E. El modelo cognitivo: la psicoterapia. (Guatemala:
Editorial Kyrios, 2002).
[16] Hayek, Friedrich
von. Los fundamentos de la libertad. (Madrid:
Unión Editorial. 1982), p. 347
[17] Arendt, H. La condición humana. (Barcelona: Editorial
Paídos, 1998).
[18] Arendt, H. La condición humana. (Barcelona:
editorial Paídos, 1998), p. 46.
[19] Ibíd., pág. 51
[20] Kottak, Conrad P. Antropología, una exploración de la diversidad humana. (México: McGraw-Hill, 1994).
[21] Rand, Ayn. Capitalism: The Unknown Ideal.
(New York: New American Library, 1966), p. 20
[22] Mises, L. La acción humana. Tratado de economía.
(Madrid: Unión Editorial, 1995), p. 173
[23] Arendt, H. La condición humana. (Barcelona:
editorial Paídos, 1998), p. 46.
[24] Weber dice: no es el proceso material de producción y acumulación de la riqueza el que genera una ideología, sino, que por el contrario, ese proceso sería inexplicable sin la existencia de un espíritu que lo impulsa y desarrolla. Espíritu, que no es más que un aspecto del único espíritu absoluto que dentro del campo de la actividad económica, contribuye a que el Estado acabe configurándose como la expresión máxima de la objetivización del espíritu absoluto. Espíritu del capitalismo, se manifiesta en aquella mentalidad que aspira a obtener un lucro ejerciendo sistemáticamente una profesión, una ganancia racionalmente legítima.
Termes, Rafael. Capitalismo y cultura cristiana (España: Ediciones Universidad de Navarra, S. A, 1999), p. 130.
[25] Rand, Ayn. Capitalism: The Unknown Ideal. (New York: New American
Library, 1966), p. 20.
[26] Moser, Justus. Ningún ascenso por méritos. (Berlín: B.
R. Abeken, 1842), vol. II, pp. 187-191.