Irresponsabilidad individual:
¿consecuencia no intencionada
del estado benefactor?
Fernando Nájera*
Introducción
El Estado Benefactor surge como una alternativa a las
disputas existentes entre liberales y socialistas. A través de esta teoría se
presenta cómo políticas sociales y medios de producción capitalistas pueden
convivir en una misma forma de gobierno.
Pese a las buenas intenciones con que ha sido promulgado
el Estado Benefactor, nos damos cuenta cómo este es utilizado como trampolín
para responder a los intereses de funcionarios que buscan perpetuarse en el
poder, y a través de la manipulación de los discursos se ha logrado generar un
sentido de pertenencia hacia las políticas sociales que plantea el
intervencionismo estatal.
Ante el paraíso ofrecido por el Estado Benefactor podemos
observar cómo se va degenerando la idea de ser responsable por las decisiones
que cada individuo debe tomar, y como poco a poco se termina por caer en una socialización
de la responsabilidad, en donde lo más atractivo es la visión cortoplacista
ofrecida por el paternalismo, ya que no se analiza cuál es el verdadero costo
de las políticas sociales.
El estado y sus funciones
“El único Estado estable es aquel
en que todos los
ciudadanos son
iguales ante la ley”.
Aristóteles
Desde que el ser humano se dio cuenta de las ventajas que
le producía vivir en sociedad, y ante el peligro que significaban los grupos de
delincuentes, surge la necesidad de crear un órgano encargado de proteger los
derechos fundamentales de todo individuo; vida, libertad y propiedad privada.
Es así como se da el surgimiento del Estado, al cual voluntariamente las
personas dotaron de cierto poder para que este pudiera cumplir con las funciones
que se requerían.
Durante el transcurrir de los tiempos se han desatado
múltiples discusiones para definir las funciones que esta “institución” debe
cumplir, de estas surge una diversidad de teorías entre las cuales algunas
plantean como necesaria y obligatoria la intervención estatal en todo ámbito de
la vida de los ciudadanos; recreación, salud, educación, vivienda, transporte,
infraestructura, economía, seguridad, justicia, etc., y dicha intromisión se
justifica basándose en la premisa de evitar “desigualdades sociales”, ya que;
para aquellos que mantienen esta teoría, de no existir el Estado los más
fuertes siempre abusarían de los más débiles, y estos quedarían sumidos de por
vida en la miseria “El socialismo es la teoría, doctrina o práctica
social que promueve la posesión pública de los medios de producción y su
administración también pública, en pro del interés de la sociedad en general y
no en favor de clases o grupos particulares”[1].
Por otro lado, hay quienes consideran que las únicas
funciones que debe cumplir el Estado son las de proporcionar justicia y
seguridad. El argumento se basa en explicar que el individuo puede satisfacer
sus necesidades sin la intervención estatal – mientras más libre sean las
personas, más fácil y eficiente será la búsqueda de los medios para satisfacer
tales necesidades – “según los liberales, son los individuos los que
tienen el derecho y la obligación de tomar sus propias decisiones”[2]. Además, mientras más intervenga el
Estado, más poder se le entrega a quienes lo administran y menos libres son los
ciudadanos, ya que para cumplir con las funciones extras, este ente “regulador”
necesita agenciarse de más recursos; y debido a que el Estado no genera
ganancias sino simplemente recauda impuestos de lo que producen los individuos,
los ciudadanos se ven obligados a tributar más y por ende la cantidad de
recursos disponibles para utilizar como mejor lo consideren se ve reducida.
Adicional a estas posturas, se encuentra la de aquellos
que consideran necesaria la eliminación del Estado. Por un lado, existe una
corriente del comunismo que plantea como peldaño último de la evolución social
la ausencia de cualquier institución encargada de velar por las personas ya que
todos estarían encargados del bienestar de los demás – no habría
propiedad privada que cuidar ya que los bienes y propiedades existentes
pasarían a ser de todos – “Con el término Comunismo, se han definido
tradicionalmente diversas concepciones colectivistas de la organización social,
basadas en la comunidad de bienes y en la propiedad colectiva de los
instrumentos de producción y de la riqueza producida”[3].
Continuando con la misma línea antautoridad,
se encuentra el argumento correspondiente a los anarquistas, estos plantean que
el Estado es innecesario e inútil, ya que las personas son lo suficientemente
capaces para cuidarse a sí mismos, y mientras no exista un ente autoritario que
limite la acción de los individuos, estos se autorregularán
en base a un orden espontáneo. “Toda autoridad, todo poder, constituidos,
son así rechazados como contrarios a la vida por aquél que sufre su peso”[4].
Claro está que esta breve descripción sobre las teorías
que abordan el tema del Estado y sus funciones no ha sido suficientemente
abordada, lo cual se debe a que no es de interés para el presente trabajo
realizar una exhaustiva presentación sobre todos los detalles que corresponden
a cada una de ellas, al contrario, esto ha sido utilizado únicamente como marco
de referencia para los posteriores apartados.
¿Qué es el estado benefactor?
“La estabilidad de la relación asimétrica entre
las clases sociales sería
el objetivo fundamental
del nuevo Estado, con un papel más determinante
en la economía, en los
programas sociales y en la
negociación con todas las representaciones sociales”.
El Estado Benefactor surge a finales del siglo XIX como
una respuesta alternativa al liberalismo y socialismo clásicos. Dicho término
se utiliza para dar nombre a las políticas tomadas; para la década de 1870, por
el canciller alemán Otto von Bismarck – Wohlfahrtsstaat
-, de aquí se deriva la posterior traducción al inglés y español – Welfare State – Estado
Benefactor -.
Dichas medidas generarían la implementación de “políticas
sociales”, las cuales tendrían como resultado optimo el garantizar un
mejoramiento en el desarrollo de las personas. Para esto, el Estado sería el
encargado de velar por que los empresarios acataran e implementaran las normas
correspondientes al área de trabajo, y además, este sería el ente ejecutor de
las nuevas políticas asistenciales.
Es justamente en este punto donde se da inicio al largo
camino del intervencionismo estatal moderno, ya que una vez proclamada y
aceptada la “necesidad” de un ente gubernamental encargado de “proteger” a los
desvalidos, se logra institucionalizar la idea de un Estado Benefactor. Claro
está, que en lo que respecta a la propiedad de los medios de producción no hubo
mayor alteración, los empresarios continuaron siendo dueños de sus negocios,
mientras que se producía un incremento en el gasto público; el cual debía ser
cubierto por los impuestos pagados por los ciudadanos. “Esta posición
intervencionista reconoció como primera tarea del Estado la de extender los
servicios e incrementar las funciones colectivas de la sociedad, siendo su
objetivo primordial el lograr un equilibrio entre la libertad privada y el intervensionismo público”[5].
Debemos entender que la adopción de estas medidas
sociales buscaba disminuir los abusos que; en determinado momento, cometieron
los dueños de fábricas y negocios, además de proporcionar los insumos mínimos a
todo aquel que no pudiera procurárselos por sus propios medios. El Estado se
convierte así en un tipo de padre protector, encargado de velar por aquellos
“indefensos” que son incapaces de salir a flote por sí mismos.
Pese a la aceptación que logró tener a finales del siglo
XIX; sobre todo por la social democracia[6], es hasta
la gran depresión de 1930 que la propuesta de un Estado interventor de
la economía toma auge. El principal promotor de estas ideas fue el economista
británico John Maynard Keynes,
quien; con su propuesta de incrementar el gasto público para así lograr la
reactivación económica del país, creo los incentivos adecuados para que su teoría
fuera lo suficientemente atractiva para los gobernantes de turno abrumados por
la crisis económica que sufrían. El argumento fundamental del académico se
basaba en presentar la recesión como producto del imperfecto mercado, y
para reducir las terribles consecuencias de este, era necesario que existiera
una institución que funcionara como árbitro para regular las operaciones y por
ende garantizar la estabilidad económica que se necesitaba. “En la lógica
del keynesianismo, el empleo y las mejoras salariales implicaban un aumento de
la demanda de productos capitalistas y por tanto un estímulo para la economía.
El Estado, con ello, a pesar de incurrir en déficit presupuestarios, puede
considerar el gasto social como una inversión productiva y una solución a la
crisis” [7].
No podemos negar las “buenas intenciones” con que ha sido
cargado este tipo de acciones paternalistas, pero, así mismo es de suma
importancia hacer ver las consecuencias; intencionadas o no, que ha generado la
implementación de tales medidas; esto será tratado con mayor profundidad más
adelante.
Para poder comprender de mejor forma la esencia del
Estado Benefactor, así como su funcionamiento, es necesario identificar los
pilares básicos sobre los cuales se fundamenta el asistencialismo:
Pleno empleo
La premisa básica dice que si se quiere mantener una
economía vigorosa, es necesario que todas las personas deben ser productivas, y
en caso la iniciativa privada no sea capaz de cubrir la demanda de mano de
obra, el Estado debe proporcionar las fuentes de empleo necesarias para suplir
la falta de puestos de trabajo. “El empleo para todos, estable y protegido
constituye la fuente primaria de protección para los trabajadores y sus
familias”[8].
Solidaridad sistemática
Consiste en asegurar la “protección social” de aquellos
individuos que por cualquier motivo no hayan sido capaces de insertarse en la
sociedad; por ejemplo indigentes. Lo que se busca es generar de forma
automática la asistencia para este tipo de personas, ya que son considerados
víctimas del sistema y por eso es obligación del Estado el cuidarlos.
Legislación laboral
Una vez establecido el pleno empleo, es necesario crear
la legislación pertinente que garantice la estabilidad laboral, tanto para
evitar despidos injustificados, como disminuir todo tipo de abusos por parte de
los empresarios, además de propiciar que los trabajadores reciban el “salario
justo” que les permita mantener una vida digna.
Sistema de seguridad social
Todo Estado que se precie de promover el bienestar entre
los desvalidos; en otras palabras ser “solidario” con los más pobres, no puede
dejar de lado un programa de seguridad social el cual brinde asistencia en: salud,
educación, vivienda, programas de retiro por vejez o invalidez, además de un
programa de subsidio por desempleo, etc. El fin de este paquete
asistencialista, es facilitar el acceso de estos servicios a todos aquellos
que; debido a su idiosincrasia, no tendría la posibilidad de hacer uso de
ellos de otra forma, o que debido a su realidad, no verían como necesario tomar
las medidas pertinentes para evitar futuras complicaciones.
En síntesis, el Estado Benefactor solamente
interviene; directa o indirectamente, en la economía del país, y crea programas
sociales para garantizar el bien común de los ciudadanos, para lo cual estos
únicamente deben pagar una tasa impositiva mayor a la que les correspondería si
fuesen ellos mismos los que se proporcionaran este tipo de servicios.
Origen del poder
“Y así asistimos a un crecimiento indefinido
del Poder, servido por una apariencia cada
vez más altruista, aunque siempre animado
por el mismo genio dominador”.
Bertrand De Jouvenel
En el presente capítulo no se trata de hacer una
remembranza histórica sobre cuáles son los orígenes del poder; y en este caso
del poder conferido a los gobernantes, sino lo que se pretende es demostrar de
qué forma el aparato estatal ha ido acumulando más poder para poder ejercer
coacción sobre los individuos, y cómo estos han legitimado dicha situación.
Antes que nada, me gustaría definir el poder como: “la
capacidad que tiene A de hacer que B haga algo que de otra forma B no haría”[9]. Como vemos, el poder lo que
trata es la capacidad de influencia sobre las decisiones de los demás, y cuando
este se encuentra en manos de un gobierno; al cual se le ha permitido
intervenga en diferentes aspectos del diario vivir de los individuos, se torna
sumamente peligroso ya que puede tomar tintes de absolutismo.
Un aspecto a tomar en cuenta es el hecho de que el poder
se puede obtener, ya sea por la fuerza, o bien por medios legítimos;
voluntariamente se le otorga dicha facultad a alguien. En el ámbito político,
cuando el poder es obtenido por medios violentos, este se torna inestable ya
que los ciudadanos en ningún momento consintieron dicha situación. Aquel
personaje que ha logrado esto y desea mantenerse en el uso del poder tiene dos
opciones, I) seguir utilizando la fuerza, y a través de la represión a los
detractores conservarlo, o, II) generarse la imagen de un buen líder para que
los ciudadanos lo acepten de buena manera y se logre la legitimación del mismo.
Cuando nos referimos a legitimación, hablamos de la
aceptación; del gobernante y de sus mandatos, por parte de los ciudadanos a tal
grado que estos sienten como propias las decisiones tomadas por el dirigente. “Cualidad
que, atribuida a un orden jurídico político supone su reconocimiento como
dominio y su capacidad para dictar mandatos que deben ser obedecidos. De forma
que en un grado socialmente relevante estos actos tienen lugar como si los
sujetos hubieran adoptado por sí mismos el contenido del mandato (obediencia)”[10].
Una vez legitimado el poder y quien lo
ostenta, se genera un nuevo fenómeno en los individuos: la dominación.
En este caso, no me refiero al sometimiento basado en la violencia; ya sea
física o verbal, sino a aquella que se produce en base a la manipulación
psicológica. Recordemos que todo ser humano actúa en base a incentivos y
castigos, y si se crean las condiciones adecuadas, aquel al que se le entregó
el poder; absoluto o semiabsoluto, tendrá la
posibilidad de ejercer dominio sobre la decisión de las personas.
Cuando se plantea que la dominación no
violenta se produce en base a generar los incentivos adecuados, se hace en
función de analizar los ofrecimientos que hacen los políticos - tanto
candidatos en la lucha por obtener del poder, como aquellos que se encuentran
ya ejerciendo el mismo -. Y es justamente en todos esas “promesas políticas”,
donde el Estado Benefactor ha jugado un papel sumamente importante como
generador de dominación.
Si recordamos cómo el Estado Benefactor se
fundamenta en la intervención gubernamental sobre aquello que signifique
garantizar la satisfacción de necesidades de los individuos, nos podemos dar
cuenta que esto representa un incentivo más que atractivo; ¿qué persona
rechazaría la “oportunidad” de obtener de una forma más “sencilla” la
satisfacción de necesidades como: alimento, vestido, trabajo, etc.? Y esta
“oportunidad” es la que precisamente ofrece el Estado Benefactor.
Lo que sucede aquí, es que las personas se
apoderan del mensaje que se les manda: “La pobreza no tiene
fronteras, no tiene pasaporte y lo que se necesita para luchar contra la
pobreza es voluntad. No existe gobierno que no pueda invertir en reducir la
pobreza. Todo depende de su voluntad, y nosotros desde el inicio de gobierno,
hace ya 14 meses le apostamos a la Cohesión Social”[11]. Si discursos como
este se repite una y otra vez es muy fácil que genere una reacción en los
individuos; sobre todo en un país como Guatemala en donde los índices de
pobreza son sumamente altos, y se logra incrustar la idea de que el único medio
para salir de la pobreza es a través de los favores del gobierno, para que por
último se terminen creyendo y exigiendo como propios los ofrecimientos que en
primera instancia realizó un candidato.
“dominación
es el hecho de que la manifestación de una voluntad de uno o varios
‘gobernantes’ pretenda influir sobre la acción de otros y que influya realmente
de modo que esa acción discurra –en un grado socialmente relevante – como si
los dominados hubieran convertido, por sí mismos, el contenido del mandato en
la máxima de su acción”[12].
Como vemos, esta
apropiación del mensaje es lo que se ha transformado en dominación consentida,
los individuos han hecho propios los ofrecimientos de políticos, y estos
últimos los han aprovechado para agenciarse de votos que los lleven al poder.
Es por esto mismo que surge el cuestionamiento sobre si hay consecuencias no
intencionadas dentro de el Estado Benefactor, quien
más se beneficia de este juego de dar migajas y ofrecer manjares es el mismo
político, ya que el obtiene lo que buscaba; llegar al poder, y mantiene al
ciudadano donde le conviene; sumido en la pobreza para regresar cada elección
con los mismos ofrecimientos para poder llegar de nuevo al poder. “Tienen además el efecto perverso de alimentar una
dependencia con el Estado que termina por hacer mucho peor la situación de los
pobres, pues favorecen conductas poco responsables que en nada ayudan a que
generen más riqueza, manteniéndolos así en una condición subordinada y poco
propicia para su superación”[13].
El discurso político como medio de reproducción del paternalismo
“Un acto, una costumbre, una institución, una
ley no engendra un solo efecto, sino una serie
de ellos. De estos efectos, el primero es sólo el
más inmediato, se manifiesta simultáneamente
con la causa, se ve. Los otros aparecen sucesiva-
mente, no se ven; bastante es si los preveemos”.
Frederic Bastiat
Luego de haber
explicado en que consiste el poder y de que forma este se legitima, es necesario explicar cómo el
político logra transmitir este mensaje a las personas. Para efectos del
presente trabajo nos centraremos en el discurso, ya que es la herramienta
utilizada constantemente por los actuales funcionarios públicos de Guatemala.
Un discurso se
puede entender como el conjunto de palabras que mantienen coherencia lógica
mediante las cuales se expresa un mensaje. En este caso, el candidato o
funcionario público es el emisor y los ciudadanos o electores se convierten en
receptores. Con el discurso político lo que se busca es ganar adeptos, y para
conseguirlo se trata de lanzar un mensaje que sea lo suficientemente atractivo
para lograr la mayor cantidad de simpatizantes.
Como se planteó
con anterioridad, el mensaje utilizado en los discursos políticos se centra en
el tema de la pobreza y la brecha existente entre los diferentes estratos
sociales. Además, se hace hincapié constantemente en qué “derechos de los
pobres”, pero no se menciona cuáles son las responsabilidades que tiene todo
ser humano en sociedad.
Si por un lado
se me plantea la posibilidad de obtener todo aquello que cubra mis necesidades,
y para eso lo único que tengo que hacer es estirar la mano para que alguien me
lo proporcione. Mientras que por otra parte lo que se me dice es que si yo
quiero algo debo esforzarme, trabajar, producir, de forma individual, y sobre
todo que yo seré el único responsable sobre las decisiones; buenas o malas, que
tome, suena mucho más atractivo el hecho de recibir sin tener que dar nada a
cambio.
Y es eso
precisamente lo que plantea el discurso paternalista, “los impuestos se recaudan para redistribuir la
riqueza. Es el mecanismo democrático para que los que tienen menos tengan más y
así todos tengamos más”[14]. Como se puede observar en este fragmento en ningún
momento se habla sobre creación de riqueza, se sigue teniendo una visión
estática en donde esta ya fue creada y no puede
generarse más y por eso mismo; para que no haya pobreza, es necesario repartir
la riqueza existente.
El argumento es sumamente
atractivo porque lo que se esta creando es una socialización
de la responsabilidad, en donde yo traslado las consecuencias de mis actos
a los demás para que ellos paguen también por lo que solamente yo debí haber
asumido las consecuencias. Esta es la “realidad” que presentan día a día los
funcionarios públicos, es a través de la reproducción de este tipo de mensajes
que han logrado la dominación sobre los ciudadanos. “Un sistema de dominación puede ser mantenido, al ser
representado como legítimo, es decir, como un sistema que es justo y digno de
apoyo. Esta legitimación se logra a través de apelar a fundamentos racionales,
tradicionales o carismáticos, los cuales, valdría la pena añadir, se
expresan generalmente por medio del lenguaje”[15].
Todos buscan las bondades de
la libertad, pero también la mayoría prefiere huir para no hacer frente a las
consecuencias de las decisiones tomadas, el Estado Benefactor pudo surgir bajo
las mejores intenciones, pero recordemos que los seres humanos no somos
perfectos, actuamos en base a incentivos - castigos, y el incentivo de
perpetuarse en el poder; cuasi absoluto que ha adquirido el Estado en base a
pretender que solucione todos los problemas, ha generado que se desvirtúe el
fin que perseguía el intervencionismo.
Además de todo esto,
recordemos que hacer caridad con dinero ajeno no es caridad, es un robo
cualquiera, y eso es precisamente lo que propone el Estado Benefactor, quitarle a los ricos para darle a los pobres; al mejor
estilo de Robin Hood, y con este tipo de incentivos
¿quién querrá convertirse en una persona adinerada?
“En la
medida en que cada individuo
descansa en el asistencialismo del
Estado,
abandona su responsabilidad
sobre la
suerte y el bienestar de sus
semejantes”.
Wilhelm von Humboldt
Conclusiones
Bibliografía
· Desarmando el Estado Benefactor - Mario Teijeiro
[2] Boaz, David. “Liberalismo, Una aproximación”. Editorial Fundación FAES. Madrid: 2007. Pág. 431.
[3] Laso Prieto, José M. “Comunismo”. Sin editorial. España - Oviedo.
Sin año. Pág. 1
[4] Furth, René. “Formas y tendencias del
anarquismo”. Editorial Letra e. Buenos Aires: 1988.
Pág. 32.
[5] Sin autor. “La instauración del Estado Benefactor y el Establecimiento de las
Primeras Políticas Sociales”. Sin editorial. Sin país,
sin año. Pág. 7.
[6] “La socialdemocracia es
una doctrina y movimiento político de tendencia socialista surgida en Europa a
finales del siglo XIX y principios del siglo XX, que si bien tiene su raíz en
el marxismo clásico, se presenta como una propuesta teórica y práctica
moderada… para los socialdemócratas la transición de la sociedad capitalista al
socialismo se pretende a través de medios pacíficos -reformas graduales dentro
del sistema- y no de medidas violentas como la revolución”.
[7] Medina Núñez, Ignacio. “Estado Benefactor y Reforma del Estado”. Sin
Editorial. Sin país. Sin año. Pág. 15.
[9] Schuster, Sofía. “Poder Político, Estado de Derecho
y Orden Público. Reflexiones a Partir de la Convivencia”. Sin editorial. Chile: sin año. Pág. 1.
[10] Weber, Max. “Sociología del poder. Los tipos de dominación”. Editorial Alianza. Madrid: 2007. Pág. 59.
[11] Discurso
Presidente Álvaro Colom. Encuentro Latinoamericano: Nuevas Estrategias para la
Reducción de la Pobreza. Guatemala, abril 01 de 2009.
[12] Weber, Max. “Sociología del poder. Los tipos de dominación”. Editorial Alianza. Madrid: 2007. Pág. 16.
[13] Sabino, Carlos. “Mitos Sobre La Pobreza”.
[14] Discurso del Presidente Alvaro
Colom: Presupuesto 2009. Una
Herramienta para el Desarrollo
[15] Gutiérrez, Silvia. “Discurso Político y Argumentación”. México. Pág. 2