ÉXITO INALCANZABLE



Manuel F. Ayau Cordón

Juzgando por la literatura y la prensa de todo el mundo, hay poco conocimiento de lo que es el mercantilismo a pesar de que, desde el punto de vista histórico y económico, es el término que mejor describe el sistema económico que prevalece en el mundo.

Es difícil creer, pero el mismo nombre de mercantilismo es casi desconocido y frecuentemente confundido con economía de mercado o capitalismo, o con una economía mercantil. ¿Cuántas personas podrían explicar la diferencia entre una economía mercantilista y una de mercado?

Sin embargo, el mercantilismo es el sistema que prevalece en el mundo. Y ese desconocimiento tiene consecuencias porque las más severas censuras al sistema económico son aplicables al mercantilismo, pero no al sistema de mercado. Y éste sale perdiendo.

El Diccionario de la Real Academia lo define como Sistema económico que atiende en primer término el desarrollo del comercio, principalmente al de exportación, y considera la posesión de metales preciosos como signo característico de riqueza.

Es obvio que se refiere al desarrollo del comercio de exportación, al comercio de los objetos producidos con el fin de ser exportados; es decir, al producto de la industria, la agricultura o la minería que se comercia en el exterior, que se exporta.

Más feliz hubiese sido referirse en forma más clara a lo que se tiene en mente, diciendo que es el sistema económico que atiende en primer término a la producción industrial, agrícola o minera, destinada a la exportación. La segunda parte de la definición, antaño se refería al oro atesorado, en términos modernos, significa “reservas monetarias internacionales”.

El desarrollo económico (i.e. la disminución de la pobreza en el mundo) consiste en producir más para consumir más. Pero se olvida algo muy elemental: producir no es el fin, sino el medio. El objeto de producir comida es alimentarse, el de producir ropa es vestirse, el de producir vivienda es proporcionar albergue, etc.: el objeto de toda producción es el consumo.

Por lo tanto, es correcto preocuparse de la producción, pero sin confundir medios con fines. Por ejemplo, como el fin de exportar es importar, no tiene sentido tomar posición en contra de importaciones, así como tampoco contra las exportaciones. Sería tan absurdo como estar a favor de vender pero no de comprar, cuando la única razón para vender es, precisamente, comprar.

En una economía de mercado, son los pueblos mismos quienes a través de sus demandas por ciertos bienes dirigen el destino de los recursos, en cambio, en una economía mercantilista quienes gobiernan la dirigen. Por ello se dice que el mercado es democrático, mientras el mercantilismo es autocrático.

Como no es posible desviar el destino de los escasos recursos a las producciones escogidas por el gobierno (fomento) sin que debido a ello resulten privadas de esos recursos otras producciones, resulta que cualquier desviación forzada por las leyes, lo único que logra es impedir que el esfuerzo social productivo se destine a producir lo que escogerían libremente los consumidores, para producir lo que los políticos quieren.

El tema se reduce a quién debe decidir: los pueblos mismos o sus gobiernos. Cuando la gente libremente decide las actividades productivas se llama economía de mercado; en cambio, si el gobierno decide, se llama economía dirigida o mercantilismo.

¿Cómo hacer eficiente el mercantilismo? Juzgando por los resultados, nadie sabe. Y yo tampoco. El problema es que la mayoría de personas creen que los políticos sí saben, sin sospechar que nadie, jamás, ha dicho cómo se dirigiría sistemáticamente. En cambio, cómo funciona el mercado sí se sabe.