ÉXITO INALCANZABLE
Juzgando por la literatura y la prensa
de todo el mundo, hay poco conocimiento de lo que es el mercantilismo a pesar
de que, desde el punto de vista histórico y económico, es el término que mejor
describe el sistema económico que prevalece en el mundo.
Es difícil
creer, pero el mismo nombre de mercantilismo es casi desconocido y frecuentemente
confundido con economía de mercado o capitalismo, o con una economía mercantil.
¿Cuántas personas podrían explicar la diferencia entre una economía
mercantilista y una de mercado?
Sin embargo,
el mercantilismo es el sistema que prevalece en el mundo. Y ese desconocimiento
tiene consecuencias porque las más severas censuras al sistema económico son
aplicables al mercantilismo, pero no al sistema de mercado. Y éste sale
perdiendo.
El
Diccionario de la Real Academia lo define como Sistema económico que atiende en
primer término el desarrollo del comercio, principalmente al de exportación, y
considera la posesión de metales preciosos como signo característico de
riqueza.
Es obvio que
se refiere al desarrollo del comercio de exportación, al comercio de los
objetos producidos con el fin de ser exportados; es decir, al producto de la
industria, la agricultura o la minería que se comercia en el exterior, que se
exporta.
Más feliz
hubiese sido referirse en forma más clara a lo que se tiene en mente, diciendo que
es el sistema económico que atiende en primer término a la producción
industrial, agrícola o minera, destinada a la exportación. La segunda parte de
la definición, antaño se refería al oro atesorado, en términos modernos,
significa “reservas monetarias internacionales”.
El
desarrollo económico (i.e. la disminución de la pobreza en el mundo) consiste
en producir más para consumir más. Pero se olvida algo muy elemental: producir
no es el fin, sino el medio. El objeto de producir comida es alimentarse, el de
producir ropa es vestirse, el de producir vivienda es proporcionar albergue,
etc.: el objeto de toda producción es el consumo.
Por lo
tanto, es correcto preocuparse de la producción, pero sin confundir medios con
fines. Por ejemplo, como el fin de exportar es importar, no tiene sentido tomar
posición en contra de importaciones, así como tampoco contra las exportaciones.
Sería tan absurdo como estar a favor de vender pero no de comprar, cuando la
única razón para vender es, precisamente, comprar.
En una economía
de mercado, son los pueblos mismos quienes a través de sus demandas por ciertos
bienes dirigen el destino de los recursos, en cambio, en una economía
mercantilista quienes gobiernan la dirigen. Por ello se dice que el mercado es
democrático, mientras el mercantilismo es autocrático.
Como no es
posible desviar el destino de los escasos recursos a las producciones escogidas
por el gobierno (fomento) sin que debido a ello resulten privadas de esos
recursos otras producciones, resulta que cualquier desviación forzada por las
leyes, lo único que logra es impedir que el esfuerzo social productivo se
destine a producir lo que escogerían libremente los consumidores, para producir
lo que los políticos quieren.
El tema se
reduce a quién debe decidir: los pueblos mismos o sus gobiernos. Cuando la
gente libremente decide las actividades productivas se llama economía de
mercado; en cambio, si el gobierno decide, se llama economía dirigida o
mercantilismo.
¿Cómo hacer
eficiente el mercantilismo? Juzgando por los resultados, nadie sabe. Y yo
tampoco. El problema es que la mayoría de personas creen que los políticos sí
saben, sin sospechar que nadie, jamás, ha dicho cómo se dirigiría
sistemáticamente. En cambio, cómo funciona el mercado sí se sabe.