MÁS DE LO MISMO, SIEMPRE


Manuel F. Ayau Cordón

No hay duda que hoy día la pobreza es culpa del sistema de gobierno. Hay dos pruebas: la primera es que no importa quién llegue al Gobierno el problema persiste. Y la segunda es porque todos los países que se gobiernan en forma parecida (mercantilista) padecen del mismo endémico problema.

Sólo los países que han sido audaces y optan por descartar su bagaje intervencionista, regulador y socialista, y que disminuyen su ideológico y necio afán de redistribuir riqueza con impuestos han logrado salir de la pobreza.

El problema es que cada vez que llega al poder un presidente, para asesorarse llama a los mismos “técnicos” y consulta con las mismas agencias internacionales (las que por cierto no asesoran a los países que efectivamente salen adelante, porque “no necesitan de su ayuda”) y, entonces, más de lo mismo.

Cualquier idea que se sale de lo que los técnicos han aprendido y practicado en el pasado, la desacreditan. Y ante otros ejemplos que se oponen, responden: “Aquí es diferente: aquí no se puede”. Sigue: más de lo mismo.

En seguida, todos los presidentes son víctimas de un fenómeno, el cual he observado en todos los gobiernos. La primera prioridad de un ministro es desacreditar cualquier persona que opine contrario a la suya. Es comprensible, porque la primera prioridad de un ministro es conservar su empleo y no vaya a ser que al presidente le parezca más acertado algún otro.

Entonces procederá, primero, a echarle flores al potencial rival, imaginario o real, para tener credibilidad y luego procederá a descalificarlo. Y la siguiente prioridad del ministro, será la de, primero, mencionar algunas cosas sin mayor importancia en que ha fallado, para tener credibilidad como persona objetiva, y después, explicará como todo va bien, dadas las circunstancias heredadas. Continúa: más de lo mismo.

Luego se consulta en cuestiones económicas a empresarios en la equivocada premisa de que por tener éxito en negocios entienden de economía, lo cual no siempre es cierto. Con más frecuencia esos éxitos se deben a “saber nadar en estas aguas” y entonces obviamente no les conviene cambios. Apoyan más de lo mismo. Los hombres de negocios, también exitosos, que se beneficiarían de un ambiente más competitivo no entran al círculo de poder.

Las medidas que contribuyen a eliminar la pobreza son de simple lógica: si se quiere inversión hay que hacer dos cosas: una, no castigar el rendimiento de la inversión porque sólo para eso se invierte. Dos, no estorbar actos pacíficos y voluntarios con reglamentos y licencias; como dice el Banco Mundial, desregular, deslegislar etc., porque todo esa “sabia” regulación, hecha “por el bien del pueblo” asfixia y elimina oportunidades de producción y de empleo.

Lo triste es que, dejar que el mercado y no el Gobierno regule la economía, es incomprensible para muchos y creen que sería un caos, a pesar de que la historia y la teoría han demostrado que sólo así se puede salir de la pobreza. No aceptan que el Gobierno se limite a regir conducta.

Tanto se cuida al trabajador que se le convierte en cautivo con tope a sus salarios, difícil de cambiar a un empleo mejor. Mejorar sus oportunidades y la productividad laboral exige libertad de contratar y de despedir. (¡Huy!).

Para colmo, los estorbos establecidos crean y fomentan las oportunidades de corrupción, pues donde no existe discrecionalidad burocrática obligada por leyes reguladoras no existe la oportunidad para corromper. La corrupción es creada por los gobiernos. ¡Ojo, diputados!

Ya se vio en la reciente encuesta que la pobreza es lo que más preocupa: no se cura con “más de los mismo”. El Gobierno no debe impedir a los ciudadanos salir de pobres.