MÁS DE LO MISMO,
SIEMPRE
No hay duda que hoy día la pobreza es
culpa del sistema de gobierno. Hay dos pruebas: la primera es que no importa
quién llegue al Gobierno el problema persiste. Y la segunda es porque todos los
países que se gobiernan en forma parecida (mercantilista) padecen del mismo
endémico problema.
Sólo los
países que han sido audaces y optan por descartar su bagaje intervencionista,
regulador y socialista, y que disminuyen su ideológico y necio afán de
redistribuir riqueza con impuestos han logrado salir de la pobreza.
El problema
es que cada vez que llega al poder un presidente, para asesorarse llama a los
mismos “técnicos” y consulta con las mismas agencias internacionales (las que
por cierto no asesoran a los países que efectivamente salen adelante, porque
“no necesitan de su ayuda”) y, entonces, más de lo mismo.
Cualquier
idea que se sale de lo que los técnicos han aprendido y practicado en el
pasado, la desacreditan. Y ante otros ejemplos que se oponen, responden: “Aquí
es diferente: aquí no se puede”. Sigue: más de lo mismo.
En seguida,
todos los presidentes son víctimas de un fenómeno, el cual he observado en
todos los gobiernos. La primera prioridad de un ministro es desacreditar
cualquier persona que opine contrario a la suya. Es comprensible, porque la
primera prioridad de un ministro es conservar su empleo y no vaya a ser que al
presidente le parezca más acertado algún otro.
Entonces
procederá, primero, a echarle flores al potencial rival, imaginario o real,
para tener credibilidad y luego procederá a descalificarlo. Y la siguiente
prioridad del ministro, será la de, primero, mencionar algunas cosas sin mayor
importancia en que ha fallado, para tener credibilidad como persona objetiva, y
después, explicará como todo va bien, dadas las circunstancias heredadas.
Continúa: más de lo mismo.
Luego se
consulta en cuestiones económicas a empresarios en la equivocada premisa de que
por tener éxito en negocios entienden de economía, lo cual no siempre es
cierto. Con más frecuencia esos éxitos se deben a “saber nadar en estas aguas”
y entonces obviamente no les conviene cambios. Apoyan más de lo mismo. Los
hombres de negocios, también exitosos, que se beneficiarían de un ambiente más
competitivo no entran al círculo de poder.
Las medidas
que contribuyen a eliminar la pobreza son de simple lógica: si se quiere
inversión hay que hacer dos cosas: una, no castigar el rendimiento de la
inversión porque sólo para eso se invierte. Dos, no estorbar actos pacíficos y
voluntarios con reglamentos y licencias; como dice el Banco Mundial,
desregular, deslegislar etc., porque todo esa “sabia” regulación, hecha “por el
bien del pueblo” asfixia y elimina oportunidades de producción y de empleo.
Lo triste es
que, dejar que el mercado y no el Gobierno regule la economía, es
incomprensible para muchos y creen que sería un caos, a pesar de que la
historia y la teoría han demostrado que sólo así se puede salir de la pobreza.
No aceptan que el Gobierno se limite a regir conducta.
Tanto se
cuida al trabajador que se le convierte en cautivo con tope a sus salarios,
difícil de cambiar a un empleo mejor. Mejorar sus oportunidades y la
productividad laboral exige libertad de contratar y de despedir. (¡Huy!).
Para colmo,
los estorbos establecidos crean y fomentan las oportunidades de corrupción,
pues donde no existe discrecionalidad burocrática obligada por leyes reguladoras
no existe la oportunidad para corromper. La corrupción es creada por los gobiernos. ¡Ojo,
diputados!
Ya se vio en la reciente encuesta que
la pobreza es lo que más preocupa: no se cura con “más de los mismo”. El
Gobierno no debe impedir a los ciudadanos salir de pobres.