EL PROBLEMA DEL SOCIALISMO

Manuel F. Ayau  Cordón

 

Ahora que en América Latina le llega el turno a la izquierda mercantilista después del fracaso de la derecha mercantilista, es oportuno hacer ver que ambos tipos de mercantilismo tienen el mismo problema del socialismo, pues ambos suponen que el estado puede suplantar al “mercado” y dirigir la economía. Por eso también es predecible su fracaso y el ciclo (y la pobreza) seguirá. Veamos cual es el problema que ignoran y que comparten.   

 

En los años treinta del siglo pasado ocurrió un profundo debate sobre el problema llamado “cálculo económico”, el cual fue pronto opacado por las discusiones ideológicas irracionales que dominaron ese siglo y permaneció ignorado por décadas debido a la preeminencia adquirida por la izquierda en el mundo académico. Me consta que intelectuales temían tocar el tema porque su carrera académica peligraba si persistían. El resultado fue que quienes estudiaron en las universidades de la época no tuvieron oportunidad de conocer el talón de Aquiles de la izquierda, conocido como “el problema del cálculo económico” y es evidente que  muchos aún desconocen su misma existencia. Por ello, muchas personas inteligentes siguen siendo de izquierda.

 

El problema consiste en que, para progresar, el valor que la sociedad le asigna a las cosas que desea, tiene que ser mayor que el valor que le asigna a los recursos que emplea. Si no, estaría perdiendo la diferencia. Ello requiere –y todos lo hacemos a diario inconscientemente- comparar el valor, con base a los precios que le asignamos a los recursos que consumimos y lo que obtenemos. Ese es el famoso “cálculo económico”.

 

Ha pasado por alto que ese cálculo lo podemos hacer porque las cosas tienen precios, precios que nos informan, más o menos, el valor que la comunidad le asigna a sus prioridades, su actual estado cultural y económico, las múltiples opciones disponibles para lograr sus fines, las implicaciones de la localización física de los recursos naturales y de los creados por el hombre, el estado de los medios de transporte, el costo de obtener información, la infraestructura intelectual del momento, el grado de capitalización de la sociedad y muchas otras cosas que podríamos llamar “lo pertinente de la realidad” del mundo, en todo momento. Esos precios resultan de los innumerables intercambios que ocurren en una sociedad basada en la división del trabajo y subsiguiente intercambios. Esos precios que nos sirven todos los días son conocidos como “precios de mercado” porque resultan de los intercambios que libremente hacemos de lo que legítimamente nos pertenece (propiedad privada), dentro de las opciones que otros también libremente ofrecen y, en lenguaje español, esa  es la definición de mercado.

 

Siendo que toda intervención económica del Estado distorsiona los precios, ya los precios dejan de cumplir su función y el cálculo económico distorsionado no sirve pues ya no es real, es como de juguete. ¿Cómo sabría un gobierno la magnitud de la distorsión que causó? ¿Cómo sustituiría aquellos precios que nos informan de tantas cosas? ¿Cómo determinar costos si éstos son, precisamente, la suma de precios de los recursos empleados?

 

Una investigación en las bibliotecas del mundo revela la inexistencia de una respuesta al problema del cálculo económico y, como ninguna persona inteligente estará a favor de un sistema que nadie ha dicho cómo funciona, la conclusión inevitable es que se puede ser socialista o intervencionista (mercantilista) sólo si se ignora o no se entiende el problema. ¡Qué problema el que tienen!