Quién
ordenó al obispo
Luis Figueroa*
El Vaticano acaba de excomulgar a
dos obispos que fueron ordenados por la iglesia católica china, que es controlada
por el régimen socialista de Hu Jin-tao, sin la autorización del Papa. La sede
papal también excomulgó a los dos prelados que hicieron la ordenación[1].
De acuerdo con el Código Canónico, tanto el prelado que consagra obispo a
una persona, como el que recibe la consagración, sin un mandato del pontífice,
incurren en latae sentenciae excommunication; lo que significa que ambos
son excomulgados automáticamente[2].
El asunto no hubiera llamado mi atención si la nota informativa no
hubiera venido acompañada de que: “La ordenación hizo que se elevara la tensión
entre el Vaticano y China Continental, que se hallan en medio de pláticas para
mejorar sus relaciones[3]”. Un funcionario chino dijo que “esperamos que
el Vaticano respete la voluntad de la iglesia china, de su vasto número de
sacerdotes y de sus miembros, a modo de crear una buena atmósfera para el mejoramiento
de los lazos entre China y el Vaticano[4]”.
Un tercer obispo “ilegal” fue instalado, por las autoridades chinas,
luego de las primeras ordenaciones[5].
Esta es una lección que deberían aprenderse los que coquetean con el
régimen de Beijing; y en general, todos los que flirtean con los regímenes
socialistas más rabiosos. Hasta los
socialistas domesticados como Rodríguez Zapatero y Da Silva podrían aprovechar
la experiencia, siendo que, en el caso de las empresas de energía de sus
respectivos países, ahora tienen que lidiar con los arrebatos nacionalistas y
populistas de su compadre Evo Morales[6].
Dicho el anterior paréntesis, ¿cuál es la lección? Pues la lección es que con los socialistas de
verdad no se puede. Por un lado están en
pláticas de acercamiento y en mil amores; pero por el otro les es más
importante imponer la revolución, imponer su voluntad e imponer el control
total[7].
El control total y el socialismo son una mala mezcla; especialmente
dentro de la Iglesia. Es una mala
combinación porque, como escribió Hannah Arendt: “lo que las ideologías
totalitarias tratan de alcanzar no es la transformación del mundo exterior, ni
la transmutación revolucionaria de la sociedad, sino la transformación de la
naturaleza humana misma[8]”,
un peligro que P.J. O´Rourke describió como “La Izquierda no quiere un mundo de
personas con vidas mejores. Quiere la
vida en un mundo con mejor gente[9]”.
Los esfuerzos de los socialistas por
transformar a la gente, y para producir mejor gente, se cuentan en términos de número
de cadáveres. Por millones.
Dicha lección es vieja; y para poner un ejemplo sólo recordemos a
Neville Chamberlain apaciguando y negociando amistosamente con el
nacionalsocialista Adolf Hitler, mientras este último planeaba sus movimientos
invasores en Checoslovaquia y Polonia.
En ese sentido tiene mucho valor la recomendación del obispo de Hong
Kong, Joseph Zen, en el sentido de que el Vaticano debería dar por terminadas
sus conversaciones diplomáticas con China.
Dichas conversaciones, por cierto, no tienen más explicación que la
existencia de un doble estándar para la China Popular.
¿Cómo, si no así, puede explicarse que el Vaticano –y otros gobiernos
que presumen de respetuosos de la dignidad humana– anden de la mano de Hu y su
régimen? A no ser que uno crea que lo
que mueve a la sede papal es su sed de almas.
El 20 de abril pasado, la BBC informó que el gobierno de China está
“cosechando” órganos humanos entre los miles de prisioneros que son ejecutados
en las cárceles de aquel país. Y que dichos
órganos son vendidos para transplantes. Yo
no me opongo a que uno venda sus órganos si decide hacerlo voluntariamente;
pero es perverso y parece endemoniado que un gobierno desguaje a sus
ejecutados para venderlos por partes[10].
La organización periodística Knight Ridder, confirma la historia de la
venta de órganos al informar que muchos extranjeros viajan a China en busca de
hígados, corazones y riñones[11];
y la AFP publicó una historia similar[12].
El 17 de abril de 2006, la CBS informó que China enfrenta un grave
problema demográfico como consecuencia de su política de un solo hijo. Debido a que los chinos prefieren a los niños
que a las niñas, en el país las personas hacen “cualquier cosa” para que el
bebé que llegue a nacer sea varón. Por
esa razón, es que por cada 120 niños, hay sólo 100 niñas[13].
El 27 de marzo de este año, la Associated Press informó que la ONU le ha
pedido al régimen de Hu que cambie sus políticas carcelarias en el sentido de
que sea eliminado el uso amplio de la tortura contra los reos[14].
Con paciencia, pero con demasiada y triste facilidad, uno puede
encontrar ejemplos de las prácticas inhumanas de parte del gobierno socialista
chino en docenas y docenas de reportes periodísticos. ¿Qué, sino un doble estándar, explica que el
Vaticano y muchas presuntas democracias occidentales busquen hermanarse con la
China Roja?
*Luis Figueroa es columnistas del diario Prensa Libre y miembro del
Seminario de Filosofía, de la UFM.
[1] El Canon 1013 dice que “Nulli
Episcopo licet quemquam consecrare in Episcopum, nisi prius constet de
pontificio mandato”
[2] El Canon 1382 dice que “Episcopus
qui sine pontificio mandato aliquem consecrat in Episcopum, itemque qui ab eo
consecrationem recipit, in excommunicationem latae sententiae Sedi Apostolicae
reservatam incurrunt”.
[4]
Ibidem
[7] Comentarios del autor, sobre los esfuerzos
de la China Roja en América Latina, pueden ser leídos aquí: http://www.globalpolitician.com/articleshow.asp?ID=299&cid=7&sid=28
[8] Hannah Arendt, Los orígenes del totalitarismo. Taurus
Ediciones, Madrid, 1974. P. 556
[9] P.J. O´Rourke, in Why I am a Reagan Conservative, Ed. Michael K. Deaver. HarperCollins, New York, 2005. P 70