En el parachoques
Luis Figueroa*
¿Por qué estás escribiendo sobre stickers
habiendo tanta cosa importante?, me pregunto. Y me respondo que necesito dejar a un lado la
amargura. Que en este fin de semana no
voy a pensar, en serio, en las desgracias que nos lastiman a los chapines.
Me justifico diciéndome que si en Guatemala no hay estado de derecho, no
bajan las tasas impositivas, van a hacer la tontera de limitar la circulación
de vehículos, las regulaciones nos agobian, no existe la propiedad privada, y
la vida no vale nada; pues, quizás haya una forma de escribir acerca de eso sin
terminar como la gran diabla.
En esas andaba cuando recordé mi bumper
sticker (calcomanía) favorito, que
dice: “Si no estás indignado, es porque no estás poniendo atención”. Y de ahí en adelante todo fue sencillo. Me encontré con una ingeniosa
colección de calcomanías.
El primer grupo tiene que ver con la libertad, y mis preferidas dicen: “¿Por
qué es que la muerte y los impuestos son ineludibles, en tanto que la vida y la
libertad no?” “Nuestra libertad es más
importante que tu buena idea”. “El
colectivismo mata”. “La libertad no es
perfecta; pero es mejor que la tiranía”.
El segundo grupo tiene que ver con el gobierno: “El gobierno es
peligroso; mensaje patrocinado por las 175 millones de personas asesinadas por
sus propios gobiernos en el último siglo”.
“Bueno…al menos el gobierno es libre de hacer lo que le da la gana”. “Aquellos que pueden hacerte creer cosas
absurdas, pueden hacer que hagas cosas atroces”.
“Las emergencias siempre han sido un buen pretexto para erosionar la
libertad”. “Sigue la corriente, como los
lemmings cuando se lanzan al precipicio”.
“¿Cómo puedes estar seguro, si no eres libre?” “Amo a mi país, pero no aguanto a su gobierno”. “El debate no es entre la izquierda y la
derecha, es entre el gobierno y tú”. “¿Cuál
es la diferencia entre el gobierno y la mafia? El tamaño”.
“Tú crees que es bueno que el gobierno lo regule todo, ¿verdad?” “Cuando lo que vendes y lo que compras es
regulado por los políticos, lo primero que se vende y se compra son esos
políticos”. “Te has preguntado, ¿cómo es
que el gobierno crece y prospera como consecuencia de sus fracasos?” “Recuerda que un gobierno que es lo
suficientemente grande como para dártelo todo, también es lo suficientemente
grande como para quitártelo todo”.
Siempre con respecto al gobierno y los políticos, ¿qué tal estas?: “Estoy
a favor de la separación entre el estado y la sociedad”. “Demos gracias a Dios de que no tenemos todo
el gobierno por el cual pagamos”. “No
preguntes qué puede hacer tu país por ti; pregunta qué puedes hacer tú mismo,
por ti”. “Me rehúso a permitir que mi
servidor público dirija mi vida”. “Oponerse
a la corrupción es la más alta obligación del patriotismo”.
Estos se refieren a la Carta Magna: “Lo ilegal lo hacen inmediatamente;
lo inconstitucional puede llevarles más tiempo”. “Fastidie a un político: defienda la Constitución”. “Ya estuvo bien de chistes, respetemos la
Constitución”. “La Constitución no es
una amenaza para nuestra forma de gobierno”. “Una copia de la Constitución
puede conseguirse gratis; pero la libertad, no”. “¡Al diablo con la democracia;
denme una república constitucional”!
El comercio y las relaciones internacionales son el tema de este grupo: “Yo
apoyo el libre comercio, así que me opongo al DR-CAFTA”. “Nunca es tarde para salirse de la ONU”.
Una joya para los que promueven el desarme: “Si las armas matan
personas, ¿los lápices cometen faltas de ortografía”?
Y aquí van otras: “Si no cambiamos de dirección, terminaremos en el
lugar al que nos dirigimos”. “El
individualismo es moralmente superior al colectivismo”. “Rece para que el Congreso no haga nada”. “Estoy avergonzado por mi gobierno”. “Estoy
desinformado, y voto”.
Y para concluir, dos que usted puede adquirir en el Centro de Estudios
Económico-Sociales (www.cee.org.gt): “Protege
lo tuyo, es tu propiedad privada” y “Por una sociedad libre sin coerción, ni
privilegios”.
*Luis Figueroa es columnista del diario Prensa Libre, y miembro del
Seminario de Filosofía, de la Universidad Francisco Marroquín.